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Desde su descubrimiento en la década de 1890, la dislexia se ha descrito como un trastorno de la lectura y la escritura. Su fundador, W. Pringle Morton, lo llamó un “defecto congénito”. Pero, ¿y si la etiqueta de trastorno nos impide ver que se trata de un estilo cognitivo único, uno que podría haber evolucionado debido a cómo ayudó a los primeros humanos?

El modelo de enfermedad de la dislexia

Un nuevo artículo de Helen Taylor, científica de sistemas complejos de las universidades de Cambridge y Strathclyde, y Martin David Vestergaard, neurocientífico de Cambridge, argumenta que la dislexia es una especialización cognitiva evolucionada con sus propios beneficios e inconvenientes. Taylor ha estado promoviendo esta visión en diferentes escenarios durante años.

Taylor y Vestergaard señalan dos hechos intrigantes sobre la dislexia que nos alejan del modelo de enfermedad.

En primer lugar, la dislexia está muy extendida entre las personas. Las estimaciones bajas lo ubican en el 5 por ciento de la población mundial. Estimaciones altas lo sitúan en un 20 por ciento. Las enfermedades graves de la infancia tienden a tener una incidencia mucho menor. Eso es porque la selección natural tiende a eliminarlos de la población.

En segundo lugar, la dislexia es universal en los seres humanos y parece tener un fuerte componente genético. Eso significa que los genes subyacentes a la dislexia probablemente sean bastante antiguos.

Como señalan los investigadores Brock y Fernette Eide en su libro, The Dyslexic Advantage, si un “trastorno” mundial de la niñez tiene una frecuencia tan alta, es porque probablemente nos ayude de alguna manera.

Entonces, ¿qué beneficio podría tener la dislexia?

Fortalezas cognitivas de la dislexia

Los investigadores han demostrado que la dislexia está asociada con una serie de fortalezas cognitivas, algunas de las cuales incluyen las siguientes:

  • Una perspectiva de «panorama general»: las personas con dislexia tienden a ver el panorama general, en lugar de perderse en los detalles. Por ejemplo, las personas con dislexia notan más rápido cuando una obra de arte representa una figura imposible, como la cascada de MC Escher.
  • Creatividad: las personas con dislexia sobresalen en el «pensamiento divergente». Esto significa la capacidad de encontrar múltiples soluciones a cualquier problema dado. Esto podría explicar por qué aproximadamente un tercio de los empresarios estadounidenses tienen dislexia.
  • Aptitud para el arte y la ingeniería: las personas con dislexia están significativamente sobrerrepresentadas en campos como el arte, la arquitectura y la ingeniería.

Fuente: Julia M. Cameron/Pexels

Esto apunta a por lo menos un problema grave con nuestro sistema educativo occidental, que valora tanto la lectura y la escritura e intenta inculcarlas a una edad temprana.

Sin embargo, quizás la característica más inquietante de nuestro sistema educativo es la forma en que está casi diseñado para destrozar la confianza de los niños disléxicos. Sabemos desde hace mucho tiempo que la baja confianza en uno mismo está asociada con trastornos relacionales, estados de ánimo negativos y abuso de sustancias. ¿No es esa razón suficiente para probar un enfoque diferente?

Una herencia evolutiva

La característica más innovadora de la investigación de Taylor no es solo su opinión de que la dislexia podría tener beneficios cognitivos. Los defensores de la neurodiversidad han hecho afirmaciones similares sobre el autismo durante algún tiempo.

Más bien, es cómo coloca esta idea en una visión original de la evolución humana que ella llama cognición complementaria.

La idea central es que los seres humanos fueron diseñados por evolución para tener diferentes habilidades cognitivas, habilidades que se complementan entre sí para mejorar la supervivencia del grupo.

Piensa en las termitas en una colonia. Se ven y se comportan de manera bastante diferente (luchadores, criadores y trabajadores), pero sus diferencias hacen que la colonia prospere.

En opinión de Taylor, la mente humana funciona de manera similar. Todas las sociedades humanas enfrentan los mismos desafíos: adquirir la información y los recursos que necesitan para sobrevivir y prosperar. Con ese fin, es importante que diferentes personas utilicen diferentes estrategias cognitivas.

En el nivel más básico, hay dos especializaciones fundamentales, «exploración» y «explotación». Necesitamos poder explorar libremente nuevos entornos para encontrar recursos, como agua y comida. Una vez encontrados, debemos ser capaces de desarrollar o explotar esos recursos de manera eficiente.

Podemos ver la misma dinámica en un nivel más abstracto, donde algunos buscan ideas nuevas y otros desarrollan, en profundidad, ideas que ya existen. Es más exacto pensar en la exploración y la explotación como dos extremos de un espectro, en lugar de uno u otro.

En su opinión, la dislexia y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) son expresiones de esta especialización cognitiva “exploratoria”. El problema es que la educación en Occidente tiende a premiar un estilo cognitivo más «explotador» mientras sofoca el tipo exploratorio.

Si Taylor tiene razón, entonces seguir pensando en la dislexia simplemente como un “trastorno” no solo es malo para las personas con dislexia. Es malo para la sociedad en su conjunto. Estamos denigrando un estilo cognitivo que es clave para la supervivencia humana a largo plazo.

En términos más generales, es hora de comenzar a pensar en muchas de las condiciones que denominamos «trastornos mentales» como intencionales, no patológicas.

Puede obtener más información sobre la dislexia y sobre los proyectos encabezados por personas con dislexia en la sección de recursos del sitio web de Taylor.

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