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Por Grant H. Brenner

Las tasas de ansiedad y depresión han aumentado drásticamente en los EE. UU. y en todo el mundo. Esto es especialmente cierto entre los jóvenes, un presagio preocupante para el futuro si no se controla.

Desafíos de salud mental que enfrentan los adultos jóvenes

En JAMA Pediatrics (Journal of the American Medical Association), Racine y colaboradores (2021) informan que entre niños y adolescentes, las tasas de depresión y ansiedad son del 25,2 % y 20,5 %, respectivamente, y han ido en aumento durante la pandemia.

Para los adultos jóvenes, el panorama es igualmente preocupante. En el Journal of Psychiatric Research, Goodwin y sus colegas (2020) encontraron que entre los años 2008 y 2018, las tasas de ansiedad casi se duplicaron, pasando del 7,97 % al 14,66 % entre las personas de 18 a 25 años. La ansiedad también aumentó más en este grupo en comparación con los rangos de mayor edad. Asimismo, el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés) informa que los adultos de 18 a 25 años sufren las tasas más altas de depresión, con un 17 %.

Si bien las tasas de suicidio disminuyeron en general durante la pandemia, las tendencias suicidas aumentaron entre los adultos jóvenes. Según el NIMH, los pensamientos suicidas graves fueron más altos que en todos los demás grupos de edad, informados en un 11,3 %. El suicidio es actualmente la segunda causa más común de muerte entre niños, adolescentes y adultos hasta los 34 años.

¿Qué mantiene a los adultos jóvenes alejados de la atención adecuada?

Comprender qué impide que las personas de esta población joven de alto riesgo reciban tratamiento para la depresión es fundamental para permitir un mejor acceso a la atención de la salud mental. Los investigadores Lu, Bessaha y Muñoz-Laboy (2022) en JAMA Network identificaron las principales razones por las que los adultos de 18 a 25 años informan por qué no buscan tratamiento.

Los investigadores se basaron en datos de la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud de 2011-2019 para conocer las tendencias estadísticas relevantes en la búsqueda de atención en función de la edad y otras variables dentro de una muestra de más de 21 000 participantes.

Descubrieron que en un período determinado de 12 meses, más del 53 % no recibió tratamiento para la depresión. Las mujeres constituían el 61,1% de este grupo que necesitaba atención pero no la recibía. Casi el 57% informó que la depresión había causado un deterioro grave de la función.

Las razones más comunes para no recibir tratamiento fueron las siguientes:

  • Coste (54,7%).
  • No saber a dónde acudir para los servicios (37,8%).
  • Pensar que pueden manejar los problemas sin tratamiento (30,9%).
  • Miedo a ser comprometido / Tener que tomar medicación (22,8%).
  • Entre 2011 y 2019, según se informa, aumentó el efecto disuasorio de estos y otros factores. Otras barreras para el tratamiento de la depresión incluyeron la falta de cobertura de seguro, el temor de afectar negativamente el empleo y la preocupación por la confidencialidad de la información. Los encuestados latinos y asiáticos tenían menos probabilidades de saber a dónde ir para obtener servicios en comparación con los participantes blancos, y los nativos americanos tenían más probabilidades de informar que no tenían seguro.

    Los participantes latinos tenían más probabilidades de preocuparse de que las personas se enteraran del tratamiento para la depresión, y las mujeres estaban menos preocupadas que los hombres por las opiniones negativas de las personas en sus círculos sociales o que otros descubrieran que estaban en tratamiento por depresión.

    Avanzando hacia la salud mental

    Estos hallazgos resaltan que, si bien ha habido avances en hacer que el tratamiento y el seguro estén disponibles para más personas, existen obstáculos considerables para una atención adecuada. El estigma y el miedo a las consecuencias, la falta de cobertura de seguro adecuada y la disponibilidad de opciones de tratamiento atractivas dificultan aún más que los adultos jóvenes con depresión obtengan un tratamiento eficaz.

    Se necesitan con urgencia medidas que se centren en las preocupaciones generales compartidas, así como enfoques específicos para abordar las barreras a la atención entre grupos específicos, dado el alcance y la conciencia cada vez mayores del problema.

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