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Fuente: Ramin Talebi/Unsplash

A menudo parece que los niños se están divirtiendo, incluso cuando tienen problemas o atraviesan situaciones extremas de estrés y trauma. Esto es desconcertante para algunas personas, especialmente cuando el niño obviamente ha sido lastimado emocionalmente. Los niños esconden sus sentimientos, incluso de sí mismos. Se esfuerzan tanto por jugar y continuar con la diversión y los juegos habituales de la infancia que nadie a su alrededor, a veces ni siquiera sus educadores y terapeutas, se da cuenta de la magnitud de su sufrimiento. Puede ser difícil para los niños enfrentar y expresar su tristeza, enojo y agravio.

Una explicación psicológica de por qué la angustia mental infantil puede ser invisible para los demás es que se utilizan mecanismos de defensa inconscientes para proteger una mente perturbada y sentimientos perturbadores. Las defensas son estrategias que se utilizan para hacer frente a las dificultades emocionales de la vida. Los niños usan estas defensas con generosidad, y esto a menudo significa que su angustia no está consciente. Estas defensas son tanto útiles como perjudiciales, dependiendo de cuáles se utilicen y en qué medida. El terapeuta infantil Graham Music explica que la capacidad de adaptación de las defensas desaparece cuando el entorno deja de ser peligroso.

Comprender las defensas

Bajo condiciones de estrés, privación, peligro, abandono y sufrimiento, los niños pueden tener una mejor oportunidad de salir adelante si usan ciertos mecanismos de defensa para sobrevivir al trauma que están experimentando. Algunos niños, incluso en circunstancias extremadamente traumáticas, no muestran ningún síntoma de angustia. Parecen ser capaces de empujar su angustia tan lejos de su propia conciencia que nadie, incluidos los propios niños, reconoce que se han visto afectados. Algunos de los mecanismos de defensa que utilizan los niños para ocultar su angustia de sí mismos y de los demás son:

  • Negación (pretende que no sucedió)
  • Idealización (imaginar que la otra persona es poderosa, excelente o sin fallas)
  • Identificación (desarrollar o centrarse en un aspecto de uno mismo para ser igual a la otra persona)
  • Sublimación (redireccionar sentimientos o impulsos no aceptados hacia actividades como deportes o pasatiempos)

Maria Anna Tallandini y Corrado Caudek han publicado una interesante investigación sobre las formas en que los niños utilizan los mecanismos de defensa. Explican que las defensas pueden ser adaptables, constructivas y útiles, lo que facilita que los niños enfrenten los desafíos. También pueden ser desadaptativos, causando más problemas y haciendo la vida aún más difícil para el niño. Los autores escriben que los mecanismos de defensa protegen a uno de la ansiedad y del peligro y el estrés percibidos. La amenaza puede ser real o imaginaria. Puede provenir del mundo exterior, tal vez en forma de una persona aterradora o espeluznante, o del interior de uno mismo, en forma de instintos, pensamientos, ideas y sentimientos angustiosos. Estas amenazas internas pueden ser inconscientes, lo que significa que los niños no se dan cuenta de lo que se están protegiendo. Un ejemplo es un niño que hace mucho ruido porque inconscientemente se siente invisible y tiene miedo de que los demás se olviden de él si no les recuerda su presencia.

En su investigación, Tallandini y Caudek notaron que los niños más pequeños usan mecanismos de defensa más que los niños mayores. El uso de defensas puede disminuir a medida que el niño crece. Los niños a los que les resultó más difícil adaptarse a un nuevo entorno, por ejemplo, una nueva escuela, utilizaron una mayor cantidad de defensas, al igual que los niños que eran menos extrovertidos con los demás. Los autores concluyeron que, cuando se usan con demasiada frecuencia, los mecanismos de defensa pueden verse como un signo de desajuste y que un uso desproporcionado de las defensas es un indicador de dificultades psicológicas.

Los adolescentes y sus defensas

Las defensas también se utilizan durante el período emocionalmente turbulento de la adolescencia. A medida que los niños se convierten en adolescentes, existe un peligro real de usar sustancias como el alcohol y las drogas para escapar de sus mentes perturbadas. Otros comportamientos perturbadores y destructivos durante este tiempo también pueden ser en gran medida defensivos, enmascarando la angustia mental subyacente. Crecer, lidiar con la identidad, la sexualidad y encontrarse a uno mismo en el mundo es estresante. Estos desafíos llevan a muchos adolescentes al uso liberal de defensas de diferentes tipos. El apoyo psicológico durante este momento vulnerable pero crucial del desarrollo es beneficioso.

Encontrar la verdad detrás de la defensa

Las defensas tienen su lugar pero tienen sus límites. Sus complicaciones pueden ser muy destructivas y, en ocasiones, provocar problemas de conducta y de relación. Sus hijos no pueden defenderse ni esconderse de los efectos del trauma, la pérdida y el abuso para siempre. El pasado generalmente encuentra su camino de regreso a la conciencia, quizás solo en la edad adulta. Las estrategias defensivas pueden convertirse en patrones de conducta dañina de por vida. Comprender las defensas de sus hijos puede ser el primer paso para conocerlos y ver la verdad de quiénes son en realidad.

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