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Fuente: Kelly Sikkema/Unsplash

Tener y cuidar un perro tiene sus costos. Financieramente, el perro promedio cuesta $ 23,000 para alimentar y cuidar durante su vida útil de 8 a 15 años.

Emocionalmente, la dura realidad es que la mayoría de nosotros sobrevivirá a nuestros perros. Llegará el día en que tengamos que despedirnos de un querido compañero canino.

¿Por qué las personas y los perros se unen?

Los humanos y los perros son especies sociales. Sobrevivimos y prosperamos mejor al conectarnos y vincularnos con un grupo que comparte refugio, comida, recursos y compañía.

Debido a que las relaciones sociales son vitales para nuestro bienestar, la naturaleza las fomenta a través de nuestra bioquímica. Un ejemplo simple es el de dos personas que se sonríen felizmente. Esta simple interacción desencadena la liberación de hormonas y neurotransmisores de «sentirse bien» en el torrente sanguíneo que nos da una sensación de calidez y alegría. Es la forma en que la naturaleza nos recompensa por ser sociables. Una retroalimentación neuroquímica similar puede unirnos a nuestro perro mascota. Es por eso que sentimos una oleada de felicidad cuando les damos un regalo.

Debido a que las conexiones sociales son inherentemente gratificantes tanto para las personas como para los perros, es natural que nuestra especie se haya unido.

¿Por qué duele despedirnos de nuestros perros?

La neuroquímica de la vinculación social es una bendición mixta. En el lado positivo están los sentimientos de amor y apego que nos hacen saborear y buscar conexiones sociales. Este es el mecanismo que fomenta las conexiones entre padres e hijos, las amistades, las comunidades y las relaciones románticas, lo que en última instancia garantiza nuestra supervivencia colectiva.

En el otro lado de este ciclo de retroalimentación neuroquímica están el miedo, la pena y la tristeza que sentimos cuando un miembro de nuestro grupo está en riesgo. Estas sensaciones sirven como alarma de advertencia. Por ejemplo, nos angustiamos si un miembro de la familia se lastima y si un compañero amado muere, nuestros corazones pueden “romperse”. Estos costos emocionales son parte de nuestro vínculo de apego profundo con un animal.

Perder a un perro querido puede ser especialmente devastador para las personas con antecedentes de trauma o experiencias adversas en la vida temprana porque confiaron en su perro como protector, compañero de juegos y confidente. Otros pueden ver a su perro como un hijo sustituto, y perder esa preciada conexión puede ser especialmente doloroso.

Cuando muere un perro amado, lamentamos la pérdida de compañía, afecto, protección física, alegría y aceptación sin prejuicios. La pérdida de un animal especial altera nuestro equilibrio emocional.

Enfrentando decisiones difíciles

Cuando llevamos a casa un perro como mascota, asumimos un papel de padres. Brindamos alimentación, ejercicio, atención veterinaria y conexión social. A cambio, ganamos un compañero alegre que estimula esos neuroquímicos que nos hacen sentir bien y que refuerzan nuestro comportamiento de cuidado.

Si una mascota querida se enferma o se lastima profundamente, nuestras alarmas neuroquímicas internas se disparan. Nos duele porque ellos duelen. Con el tiempo, podemos consultar con un veterinario sobre la calidad de vida del animal y sopesar los pros y los contras de la eutanasia. Estas decisiones generalmente ocurren al final de la vida natural de un animal: para las razas de perros más grandes, la vida útil puede ser de 8 años y para las razas más pequeñas, puede estar más cerca de los 15 años.

Si los órganos de nuestro perro se están apagando, ¿elegimos detener su dolor? ¿O dejamos que sigan sufriendo para poder disfrutar unos días más de su dulce presencia? La dificultad inherente a considerar la eutanasia refleja las tensiones subyacentes de nuestro bucle de retroalimentación neuroquímica básica.

Un dolor de corazón oculto

Quitar la vida de una criatura que amamos es singularmente doloroso. Como cuidadores, nuestro impulso es preservar su vida y protegerlos del sufrimiento.

Pero, ¿qué sucede si no podemos satisfacer las necesidades de un animal joven con humanidad o reubicarlo de manera segura?

La veterana entrenadora de perros Trish McMillan aprendió a través de una experiencia personal desgarradora que no todos los problemas de comportamiento se pueden resolver con entrenamiento. Ciertamente, el manejo, el entrenamiento y las expectativas correctos pueden mejorar los resultados de muchos perros que muestran agresión, pero estos métodos no siempre resuelven el problema. Para algunos animales, la química de su cerebro simplemente impide soluciones felices.

La eutanasia conductual es una de las decisiones más difíciles a las que se enfrentará un cuidador de mascotas. En este caso, después de haber agotado todas las demás opciones razonables, un veterinario recomienda una inyección letal humanitaria, no porque el perro se enfrente a una afección médica potencialmente mortal, sino porque el animal exhibe un comportamiento continuo y profundamente inseguro que representa un peligro para él, para nosotros, nuestros seres queridos o la comunidad en general. Para las personas que se preocupan profundamente por el bienestar de un animal, esta elección puede sentirse como un nudo gordiano.

McMillan describe la eutanasia conductual como “una de esas cosas de las que simplemente no se puede hablar. Le ha pasado a más gente de la que crees, pero no hablamos de ello. Y mucha gente tiene esta queja profunda y compleja”.

Para brindar a las personas un lugar seguro para procesar la angustia de haber elegido la eutanasia conductual, McMillan y otros lanzaron un grupo privado de Facebook llamado “Losing Lulu”. Ahora con 3 años, el grupo tiene casi 20,000 miembros.

Curación del agravio por la pérdida de una mascota

Perder o tomar decisiones sobre el final de la vida de un perro amado puede sacudir nuestro mundo. A veces, la angustia o la culpa se sienten aplastantes. Cuanto más poderosamente nos vinculamos con un animal, más afecta la neuroquímica del apego a nuestra experiencia.

Encontrar un sistema de apoyo y una salida para las quejas es vital para seguir adelante. Cada vez más, las prácticas veterinarias y los crematorios de mascotas ofrecen ayuda en forma de tarjetas de condolencias, artículos conmemorativos y grupos de apoyo dirigidos por consejeros de quejas. Se pueden encontrar recursos adicionales de quejas por pérdida de mascotas en línea.

Las investigaciones sugieren que quedar atrapado en la vergüenza, la culpa u ocultar los sentimientos de tristeza puede dificultar la recuperación. Encontrar formas de reconocer y superar el agravio es vital para recuperarse de la pérdida.

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