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El suicidio de Séneca. Séneca se vio obligado a suicidarse después de que la ambición lo acercara demasiado a Nerón.

Fuente: M Domínguez Sánchez en Wikimedia Commons / Dominio público

Ser ambicioso es buscar el logro no por el logro en sí mismo, que es ser de alto alcance, sino por el bien de distinguirnos de los demás. Si fuéramos la última persona en la tierra, tendría poco sentido ser ambicioso. En palabras del estoico romano Séneca, “La ambición, el lujo y el capricho necesitan un escenario; los curarás si evitas que sean vistos”.

Los peligros de la ambición son tres. En primer lugar, debemos tener cuidado con lo que deseamos. En una de sus cartas, Séneca le dice a Lucilio: “En el lenguaje ordinario, decimos a menudo que nos llenamos de alegría porque una persona haya sido elegida cónsul, o que otra se haya casado o su esposa haya dado a luz, hechos que, lejos de ser motivo de alegría , son frecuentemente el comienzo de futuras penas.” En general, cuanto menos tenemos, más libres y más ricos somos.

En segundo lugar, la ambición se centra en el futuro; vivir con ambición es vivir con miedo y ansiedad mientras se descarta el momento que se nos presenta. Porque la ambición nos ata a lo externo [things that are beyond our control]y, en última instancia, a otras personas, nos deja sujetos (y vulnerables) a ellas. Como dice Séneca, “La libertad no viene gratis. Si lo valoras mucho, debes devaluar todo lo demás”.

En tercer lugar, la ambición suele ser destructiva. Grandes líderes como César, Pompeyo y Mario, que son impulsados ​​por la ambición, ni siquiera tienen el control de sí mismos y, como resultado, terminan haciendo cosas terribles: Mario dirigió ejércitos, pero la ambición dirigió a Mario. Mientras estos hombres giraban sobre el mundo entero, ellos mismos estaban en un torbellino, al igual que los tornados, que hacen girar todo porque ellos mismos están girando. Nadie se vuelve afortunado a costa de la desgracia de otro.

El propósito del trabajo no es promover nuestros propios intereses, aunque solo sea una casa en medio del bosque lo que buscamos, sino ayudar a los demás y hacer avanzar a la humanidad, que es, en todo caso, la mejor manera de promover Nosotros mismos. La sabiduría más alta es quizás que no es necesario ser ambicioso para alcanzar grandes metas o sentirse vivo. De hecho, a menudo son nuestras ambiciones mezquinas las que nos están frenando.

Si lo que buscamos es fama, tendremos que adoptar los valores equivocados de la mayoría: Aquí está Séneca, escribiendo mucho antes de la época de TikTok e Instagram: “Es por la habilidad en el mal que un cultivador aclama popularmente. Debes hacerte como ellos: no te aprobarán a menos que te reconozcan”. Aunque seríamos tontos si buscáramos la fama, sin embargo podríamos caer en ella por medio de nuestras buenas obras, en cuyo caso deberíamos usarla para el bien mayor.

Si lo que buscamos es la riqueza, haríamos bien en recordar que la riqueza no es la respuesta a nuestros problemas, ya que hay muchos ricos que, sin embargo, se sienten miserables, ya veces más miserables por ser ricos.

Suponemos que la riqueza aumenta nuestros placeres, pero los mayores placeres son en todo caso simples y fáciles de obtener si nuestra mente está abierta a ellos. En todo caso, la riqueza nos aleja de nuestros placeres habituándonos al lujo y cambiando nuestro enfoque hacia sí mismo: disfruta más de las riquezas quien tiene menos necesidad de riquezas. Mientras piensa en su aumento, se olvida de su uso.

Aun admitiendo que la riqueza aumenta nuestros placeres, el placer no es el principio y el fin de todo, sino que, como la riqueza, distrae de nuestro propósito superior, que es el trabajo de la mente: Mecenas habría proporcionado un buen ejemplo de la retórica romana. , si no hubiera sido debilitado, incluso castrado, por su gran riqueza.

Así como un caballo debe ser juzgado por su velocidad más que por su arnés, así un hombre debe ser juzgado por su mente más que por su propiedad, porque es la razón, y no la riqueza, la medida de un hombre. Mucha gente tiene riqueza de la misma manera que se dice que la gente tiene fiebre cuando en realidad es la fiebre la que se apodera de nosotros”. Si nuestra mente está enferma, no importa si nuestro lecho de enfermo es de madera o de oro.

Los estoicos, en virtud de su virtud, están predispuestos a la riqueza, y aun sin buscarla —sobre todo sin buscarla— pueden llegar a ser muy ricos. No hay nada de malo en ser rico y ocasionalmente disfrutar de la riqueza, siempre y cuando nuestro dinero huela bien y no estemos atados a él.

La fama y la fortuna nunca deben ser nuestros amos, sino solo nuestros esclavos.

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