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Imagina que te pillé rumiando algo que te molestó o confundió y te pregunté cómo te sentías en ese preciso momento. ¿Como responderías esta pregunta? ¿Puedes nombrar una emoción, dos, quizás más?

La forma en que pensamos sobre nuestra experiencia emocional varía. Cuando se les pide que nombren nuestras emociones, algunos pueden simplemente decir que se sintieron tristes. Otros podrían notar que estaban tristes y frustrados. Y algunos pueden etiquetar sus emociones de manera más detallada e informar que se sienten tristes, frustrados, celosos y algunos sentimientos más distintos.

La granularidad de nuestra capacidad para diferenciar nuestras emociones es importante. Estudios recientes han demostrado que nuestra capacidad para hacer esto tiene todo tipo de implicaciones, no solo en la forma en que pensamos acerca de nuestras emociones, sino también en cómo las manejamos. Para aquellos que tienden a rumiar y rumiar, la capacidad de diferenciar entre emociones puede marcar una diferencia significativa en su riesgo de desarrollar depresión.

Rumiar y rumiar situaciones abrumadoras, vergonzosas o desagradables es algo que todos hacemos a veces, pero algunas personas tienden a hacerlo de una manera más habitual que otras. La rumia se ha relacionado con una amplia variedad de resultados negativos para la salud y la salud mental (consulte Los peligros ocultos de la cavilación y la rumiación), pero es un factor de riesgo particularmente importante cuando se trata de desarrollar depresión.

La rumia tiende a causar un círculo vicioso en el que concentrarse en eventos y percepciones perturbadoras aumenta el pensamiento negativo y disminuye la resolución de problemas, lo que a su vez aumenta el pensamiento depresivo, proporciona más alimento para la rumia, etc.

Es probable que las personas que pueden diferenciar mejor sus emociones noten distinciones más granulares en cómo cambian sus emociones. Por ejemplo, las incubadoras que simplemente informan que se sienten tristes pueden seguir estando tristes hasta que salen del ciclo rumiativo. Pero una persona que nota que se siente triste pero también frustrada y celosa también puede notar que la nueva información puede no haber cambiado su tristeza, pero la hace menos celosa y frustrada, notando una mejora en su estado de ánimo.

De hecho, los estudios han demostrado que las personas que diferencian sus emociones pueden regular mejor sus emociones en el momento, manejar sus sentimientos de manera más adaptativa y reducir sus sentimientos negativos de manera más efectiva.

Hoy, un estudio reciente fue aún más lejos. Los investigadores siguieron a las personas durante seis meses y encontraron que las personas que tendían a rumiar pero que eran menos buenas para diferenciar sus emociones estaban significativamente más deprimidas después de seis meses que las personas con tendencia a rumiar que eran más capaces de diferenciar sus emociones. Nuevamente, la suposición es que la diferenciación de emociones ayuda con la regulación emocional y los mecanismos de afrontamiento y que con el tiempo esto puede marcar una diferencia significativa en la salud mental y emocional en general.

La realidad es que la mayoría de nosotros no somos buenos en la diferenciación emocional. De hecho, nuestro vocabulario emocional tiende a ser bastante pobre. A menudo pensamos en nuestras emociones con colores primarios: conceptos básicos como tristeza, enojo, sorpresa, si pensamos en ellos. Como terapeuta, cuando le pregunto a las personas cómo se sienten en un momento dado de una sesión, a menudo me encuentro con una mirada en blanco o una mirada de preocupación similar a la que podría obtener de un estudiante que no está preparado para un examen sorpresa.

La buena noticia es que identificar y diferenciar nuestras emociones es una habilidad que podemos practicar y mejorar. Este estudio y otros pueden ilustrar la importancia de poder hacer esto, especialmente cuando se trata de emociones negativas, pero depende de nosotros tomarnos el tiempo para mejorar nuestras habilidades.

Con eso en mente, aquí hay un enlace a una lista de emociones negativas. Tenga en cuenta: es largo.

La próxima vez que se sienta inquieto, mire la lista y escriba las emociones que podría estar sintiendo en ese momento en dos columnas, las que siente intensamente y las que siente a la ligera. No te apresures. Pregúntate realmente si puedes sentir todas las emociones. Y no se sienta intimidado: es mucho más fácil identificar una emoción cuando se pregunta si un término específico en una lista coincide con lo que está sintiendo en ese momento que generar la palabra correcta de manera espontánea cuando un terapeuta le dice que mire durante una sesión. .

Hacer este ejercicio solo una vez le mostrará cuánto más rica es su experiencia emocional de lo que podría haber imaginado. Hacer esto una y otra vez le ayudará a desarrollar un vocabulario emocional más rico y una mayor diferenciación emocional.

Derechos de autor 2019 Guy Winch

Imagen de Facebook: Mangostar / Shutterstock

Imagen de LinkedIn: Olena Yakobchuk / Shutterstock

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