Seleccionar página

Fuente: Diego González/Pexels

Las pantallas están en todas partes en el mundo moderno. Los colgamos en nuestras paredes y los llamamos televisores; los llevamos en nuestras mochilas y los llamamos computadoras portátiles; los llevamos en nuestros bolsillos y los llamamos teléfonos inteligentes. Lo que está en todas estas pantallas es literalmente todo lo que podemos imaginar. Películas de terror y dibujos animados para tu hijo de cinco años. Historias de amor desgarradoras que acaban en dobles suicidios (a lo Romeo y Julieta), y luego, con solo pulsar un botón, un análisis de los últimos movimientos de la bolsa.

Y, sin embargo, independientemente de lo que suceda en las pantallas que llevamos, las máquinas que entregan las imágenes no se ven afectadas. Todo horror pasará. Cada tontería infantil terminará. Cada momento amoroso deja de serlo, e incluso la escena más aburrida finalmente encuentra una conclusión. Los espectáculos siempre están cambiando, pero las pantallas permanecen sin cambios.

Tus pensamientos, sentimientos, recuerdos y sensaciones son como clips de un programa en la pantalla. Algunos de ellos son alegres y te hacen feliz y contento. Otros son horribles y te provocan ansiedad y depresión. Y sin embargo, tarde o temprano, todos pasan. Y al igual que las pantallas, la conciencia misma permanece sin cambios.

Es fácil perderse en los eventos de estas pantallas. Una buena película puede hacerte olvidar que estás sentado sin moverte durante horas, sin hacer nada más que mirar al frente. Y de manera similar, puedes perderte en tus propias experiencias, sin darte cuenta de que las estás experimentando. Eso puede ser divertido cuando estás viendo una película en un lugar seguro. Puede ser una pesadilla cuando te pierdes en patrones mentales repetitivos que se han vuelto tan omnipresentes y absorbentes que te olvidas de que eres una conciencia.

En cierto sentido, te olvidas de que existes. Te conviertes en la historia y los clips en la pantalla. Una vez allí, la vida está en piloto automático y la dirección de la vida se basa únicamente en hábitos sin sentido.

No hace falta casi nada para romper su hechizo y devolverles la capacidad de elegir. Sólo observe lo que está apareciendo. Y luego nombrarlos, con una actitud de curiosidad apreciativa. Eso es todo.

“Hay ansiedad”. “Tengo un dolor en la garganta”. “Oh, ¿podrías mirar eso? Está el pensamiento de que moriré solo, “Lo que sea que aparezca, nómbrelo y nómbrelo. Observe cómo se desarrollan sus pensamientos y sentimientos como una película en la pantalla. Míralo imparcialmente, con un aire de calma y saboreo cuidadoso: un aire de apreciación.

Imagina tu dolor como un objeto

“Apreciación” proviene de una raíz latina que significa fijar un precio, determinar un valor. Cuando tienes curiosidad, traes atención a ese proceso. No observe ni describa sus experiencias para descartarlas, ni para creerlas: disminuya la velocidad y muéstrese para que pueda estar presente en lo que es. Tal vez notará algo en su experiencia que sea nuevo o útil, tal vez no. Esté abierto a lo que pueda encontrar. De cualquier manera, aprendes más sobre tu propia historia y hábitos mentales. De cualquier manera, te presentas.

A menudo ayuda imaginar sus pensamientos y sentimientos dolorosos como un objeto. Entonces, si tu pan tuviera una forma, ¿cuál sería? ¿Qué color tendría? ¿Tiene una superficie uniforme o espinosa? Cuanto pesa? ¿Y en qué parte de tu cuerpo puedes sentirlo? Cuanto más específico, mejor. Por ejemplo, puedes imaginar tu pan como un aguacate gigante.

David Lorscheid, usado con permiso

Fuente: David Lorscheid, usado con permiso

Mientras observas tu dolor (o en este caso, tu aguacate), exhala lentamente. Continúe hasta que sus pulmones estén vacíos y luego haga una pausa de tres segundos. Luego, inhale lentamente nuevamente e imagine que su respiración fluye hacia y alrededor de su dolor (o en este caso, alrededor de su aguacate). Continúe respirando de esta manera, mientras se abre y hace espacio.

David Lorscheid, usado con permiso

Fuente: David Lorscheid, usado con permiso

Mientras respiras en tu dolor, continúa observándolo. Su aguacate puede crecer o puede volverse más pequeño. Podría quedarse o podría irse. Lo creas o no, ambos están bien. No se trata de hacer desaparecer tu dolor, sino de aprender a estar con él, sin que dicte tu vida. Puedes detener la pelea y, en cambio, volver a conectarte con el mundo que te rodea y hacer lo que realmente te importa.

Cultivando una nueva técnica

Al igual que cualquier otra habilidad, aprender a dejar espacio para los pensamientos y sentimientos difíciles requerirá práctica. Puede parecer incómodo al principio, pero se volverá más natural cuanto más lo hagas. Cada vez que aparezca el dolor, notarlo, nombrarlo y luego observar lo que sucede, con una actitud de curiosidad apreciativa. Puede imaginar la forma y el color de su dolor, así como en qué parte de su cuerpo se encuentra. Y una vez que lo hayas visualizado, respira en él, ábrete y haz espacio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un maravilloso protocolo de autoayuda que te ayuda a saber más sobre por qué esta técnica es efectiva, además de proporcionar otras herramientas y técnicas gratuitas para lidiar con el estrés de cualquier tipo (haz clic aquí para acceder a él) . Tenga en cuenta que este artículo es la parte 5 de una serie de cinco partes que es aproximadamente paralela al programa de la OMS. Haga clic aquí para leer la parte 1, aquí para la parte 2, aquí para la parte 3 y aquí para la parte 4. Esté bien y considere compartir este recurso.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información

ACEPTAR
Aviso de cookies