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Fuente: Magda Ehlers/Pexels

La vida te enseña constantemente a ser más inteligente y más sabio. Con cada consecuencia a la que te enfrentas, aprendes más sobre qué acciones probablemente te lleven al placer y qué acciones probablemente te produzcan dolor. Por ejemplo, si ve un círculo rojo brillante en la parte superior de una estufa y se atreve a tocarlo, se llevará una dolorosa sorpresa. Luego aprende rápidamente a mantener las manos alejadas.

A medida que creces, te enfrentas a situaciones más diversas y con consecuencias más diversas, aprendes más sobre ti mismo y el mundo. Muchas de estas lecciones parecen obvias en retrospectiva y se pueden comunicar fácilmente, como «no toques una estufa encendida» o «mejor cumple con tu fecha límite». Y si alguna vez olvida alguno de ellos, la vida pronto le enviará otro recordatorio.

Y, sin embargo, también hay lecciones que permanecen borrosas, independientemente de la frecuencia con que se enseñen. Cuando se trata de lidiar con pensamientos dolorosos y sentimientos difíciles, a menudo recurrimos a estrategias inútiles, aunque sabemos mejor. En lugar de hacer lo que se ha demostrado que nos ayuda antes, cedemos a formas de ser y hacer que nos empujan aún más hacia nuestra lucha.

Una postura de apertura

Aquí hay una verdad central que ya conocemos: el camino hacia una vida que vale la pena vivir es ser más abierto, consciente y participar activamente en la vida. Y sabemos esto porque nuestra experiencia nos ha demostrado, una y otra vez, que podemos enfrentar nuestras luchas de manera más efectiva siempre que adoptemos esta postura. Y, sin embargo, cuando las cosas se ponen difíciles, en lugar de abrirnos, a menudo nos cerramos. En lugar de conectarnos conscientemente con lo que está aquí y ahora, cavilamos sobre el pasado o nos preocupamos por el futuro. En lugar de participar en una vida basada en valores, metafóricamente nos retiramos y nos cubrimos la cabeza con las cobijas.

Es como si nos olvidáramos de las lecciones más importantes de la vida cuando más las necesitamos. Pero no es porque este conocimiento sea tan escurridizo, sino porque tratamos de acceder a él de forma equivocada. En lugar de tratar nuestra vida como si fuera un problema mental, necesitamos regresar a nuestros propios cuerpos y ponernos en contacto con la sabiduría intuitiva y encarnada en nuestro interior.

En un estudio reciente, les pedimos a las personas que mostraran, con sus cuerpos, cómo se ven cuando se enfrentan a un problema psicológicamente desafiante en su peor momento, y cómo se ven cuando se enfrentan a ese mismo problema en su mejor momento. Más del 90% de las personas muestran posturas que son más abiertas, conscientes y activamente comprometidas en su mejor momento, y lo contrario en su peor momento. Incluso los observadores inexpertos podrían mirar fotografías de estas personas en sus respectivas posiciones y reconocer esas mismas cualidades.

El conocimiento de cómo lidiar con problemas psicológicamente desafiantes está dentro de nosotros. Está dentro de ti. Puedes notarlo en tu propio cuerpo e incluso verlo en los cuerpos de otras personas. Es una postura de conciencia de tus propios pensamientos y sentimientos y otras sensaciones. Es una postura de apertura: abrirse a cualquier cosa que surja en el momento, tanto agradable como desagradable (contradictorio, pero cierto). Y es una postura de participación activa, con un enfoque en lo que importa, y pasos pequeños pero constantes en esta dirección.

Solo cuando racionalizamos, «resolvemos problemas» o juzgamos nuestros asuntos desafiantes, nos alejamos de la curación y la prosperidad. Si ya tenemos este conocimiento, debemos reducir la velocidad y sentir activamente. Este conocimiento es difícil de expresar con palabras porque no es un proceso verbal, es experiencial.

Predigo que las terapias basadas en la evidencia, que a menudo se han centrado demasiado en el contenido cognitivo literal, encontrarán una manera de cooperar más con los métodos de intervención orientados al cuerpo. Nuestra experiencia nos guiará si le damos la oportunidad de hacerlo. Y si queremos sanar colectivamente y avanzar en nuestra cultura en el área de la salud mental, debemos volvernos hacia la sabiduría que ya está dentro de nuestros cuerpos y sentir.

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