El lenguaje corporal condiciona nuestra conducta

El lenguaje corporal condiciona nuestra conducta

Todo aquello que pensamos y tenemos en nuestra mente tiene una influencia directa sobre nuestro bienestar y estado de ánimo, pero también hay que tener en cuenta que el organismo tiene en cuenta las posturas corporales y el lenguaje no verbal, lo que hace que estas también influyan en nosotros y por tanto, son capaces de modificar nuestro estado de ánimo.

De esta forma el lenguaje corporal puede ser una herramienta muy útil en determinadas situaciones como puede ser una entrevista de trabajo, una conversación difícil o una reunión. Para afrontar estas situaciones de una forma más segura y con mayores posibilidades de éxito, lo mejor que se puede hacer es adoptar posturas expansivas, ya que el hacerse grande es una estrategia de adaptación muy común en todos los ámbitos de la naturaleza.

Tal y como indica la psicóloga Amy Cuddy, que estudia la relación entre las posturas corporales y el poder de cada persona,  el poder personal no solo expande la mente si no también el cuerpo, por lo que adoptar un lenguaje no verbal que sea abierto y expansivo tiene una relación directa con el reino animal y su dominación. Es decir, al sentirnos con poder, el cuerpo se expande.

Así pues, tanto el estatus como el poder, ya sean permanentes o temporales, de carácter positivo o negativo, se pueden apreciar a través de las manifestaciones no verbales, con una expansión del cuerpo y una postura más erguida. Cuando una persona se siente poderosa tiende a estirarse, erguir la espalda o levantar la barbilla, además de abrir el pecho, alzar los brazos o separar los pies.

El lenguaje corporal condiciona nuestra conducta

De esta forma, a través del lengua corporal se pueden transmitir mensajes y sensaciones sin mediar palabra. Por ejemplo, seguro que te ha ocurrido en alguna ocasión que cuando una persona entró en una estancia, las miradas de todo o casi todo el mundo se dirigen hacia esa persona de forma automática. Esto es muy probable que se deba a que su lenguaje corporal tiene mucho poder, y esto es algo que no es innato, por lo que se puede aprender.

Además, la forma en la que nos comportamos a nivel no verbal, con la respiración, las posturas o las expresiones faciales, influye de una manera directa en nuestros sentimientos, pensamientos y conducta.

De esta manera, al comportarnos con una actitud poderosa, de forma automática tanto nuestros pensamientos como nuestros sentimientos y conductas se encargan de transmitir esa sensación de poder, lo que ayuda a la hora de afrontar tanto situaciones del día a día como situaciones complicadas.

Al adoptar posturas que son abiertas y expansivas, los seres humanos no sentimos mejores y somos más eficaces, al mismo tiempo que sentimos menos estrés, con más seguridad, más asertivos, más poderosos, menos ansiosos y más optimistas y felices. Estas posturas cambian el cerebro y la mente sin que la persona sea consciente de ello.

El lenguaje corporal condiciona nuestra conducta

Por otro lado, el mostrar una actitud de falta de poder ofrece, precisamente, el efecto contrario, lo que hace que se limiten nuestros pensamientos, acciones y sentimientos, al mismo tiempo que se puede ver como el cuerpo se encoge.

En aquellas situaciones en las que nos podamos sentir subordinados a otra persona o con impotencia por algún tipo de situación o circunstancia, tendemos a contraer nuestra postura corporal, a estar más tensos y a ver como nos achicamos, pegando nuestras extremidades al cuerpo, dejando caer los hombros, hundiendo el pecho, doblando la espalda o agachando la cabeza.

Además, también acostumbramos a titubear, reprimir nuestros gestos y a precipitarnos y hablar con un registro verbal inferior, además con una voz aguda. Otro signo de la falta de poder en uno mismo es cuando se tiende a rodear el cuerpo con la mano. Todo esto se realiza cuando realmente nos sentimos inseguros, incómodos o en peligro a nivel psicológico o físico, mostrando así de alguna manera que tenemos miedo a esa situación. Este gesto es natural y viene determinado por la protección frente a la otra persona.

El lenguaje corporal condiciona nuestra conducta

Un cuerpo expansivo atrae pensamientos más positivos

Diversos estudios llevado a cabo por especialistas en la materia reflejan que el adoptar un cuerpo expansivo, con la espalda erguida y una postura más abierta hace que sea más sencillo tener pensamientos positivos, provocando además que estas personas tengan una mayor claridad y confianza en ellos mismos.

Si pruebas a hacerlo y a erguir tu espalda en este momento, con el pecho más abierto, seguro que notas como tanto la respiración como la cara se relajan.  En todo caso, la conducta no verbal se manifiesta a través de diferentes medios como la postura y orientación corporal, la forma de andar, la gesticulación de las manos, los movimientos oculares y las miradas, las expresiones faciales…

Existen, por tanto, muchas formas de poder mostrar poder a través del lenguaje corporal, como es el colocar las manos con las palmas mirándose y con los dedos doblados uniendo las yemas de los dedos, un gesto que es una muestra de que existe una gran confianza en uno mismo, transmitiendo que tenemos una total vinculación y coordinación con nuestros pensamientos e ideas y que no dudamos para nada de ellas.

La intimidación y el lenguaje corporal

Un lenguaje corporal abierto y expansivo tiene sus ventajas, pero nunca debe ser adoptado con la intención de intimidar o dominar a los demás o tratar de que estos se empequeñezcan. Se trata de aprovechar sus ventajas para poder sentirse más seguro y con confianza a nivel personal e íntimo, no para tratar de crear un efecto negativo sobre el resto de personas.

El cuerpo influye en la mente, ya sea para bien favoreciendo la capacidad para conseguir obtener lo mejor de nosotros mismos o de forma negativa para hacernos sentir con mayor pesimismo, desgana… Debes tener claro por tanto que el cuerpo envía mensajes de manera constante al cerebro, y que a través de tu postura y lenguaje no verbal podrás controlar de alguna manera ese tipo de contenidos y mensajes que transmite.

De hecho por ello se aconsejan técnicas como la respiración o el yoga, prácticas en las que se adoptan posturas expansivas que contribuyen a obtener un mayor bienestar y poder personal.

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