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Fuente: Tao Yuan / Unsplash

Un nuevo estudio publicado en Spirituality in Clinical Practice explica que un individuo que experimenta apariciones y experiencias fantasmales puede haber acosado a las personas.

“Los fenómenos inquietantes son fenómenos complejos entrelazados que involucran la personalidad, la ideología, la cultura y la experiencia previa para dar sentido a un evento o serie de eventos considerados inquietantes”, explica el psicólogo Brian Laythe.

Los colaboradores Jim Houran y Brian Laythe, junto con otros colegas, terminaron recientemente un programa de investigación de cinco años que culminó en 20 artículos de investigación revisados ​​por pares y su libro más reciente, Ghosted.

Su objetivo principal era utilizar la investigación para construir una mejor comprensión de los fantasmas y los fenómenos paranormales relacionados.

Los fenómenos inquietantes fueron una de las principales teorías construidas a partir de esta investigación.

Laythe and Houran ofrece cuatro funciones principales, a saber:

  • La creación de significado o la narrativa creada en torno a las experiencias inquietantes está influenciada por los antecedentes personales, las creencias y las características de la personalidad.
  • La ansiedad y la angustia con respecto a las apariciones son una función de la naturaleza, la cercanía y la espontaneidad de las experiencias anómalas.
  • La angustia y el malestar aumentan la probabilidad de que ocurran experiencias anormales.
  • Las experiencias anómalas tienden a ser contagiosas (propagarse a otros)
  • Según los investigadores, muchos de los informes de fantasmas y las personas involucradas en ellos pueden entenderse al tratar los eventos como «síntomas».

    “Al igual que los síntomas de la gripe, la gravedad depende del grado y la rareza de los síntomas y su duración”, explica Laythe.

    Otro predictor importante de experiencias anormales es la transliminalidad. Como concepto, esto se refiere al límite entre el yo consciente y el yo inconsciente, así como el entorno exterior. En la investigación de la parapsicología, se ha asociado con la percepción extrasensorial, las experiencias extracorporales y las experiencias de tipo visionario en general.

    Al tratar de comprender los factores que preparan a un individuo para un episodio inquietante, los investigadores descubrieron que las apariciones casi siempre eran una mezcla de la persona adecuada en el entorno adecuado.

    Los investigadores también llaman la atención sobre la necesidad apremiante de reconocer y tratar las experiencias fantasmales o paranormales como reales.

    Laythe señala que los episodios fantasmales, las experiencias chamánicas y la extrañeza general han sido bien documentados a lo largo de la historia. Además, más de 100 años de psicología empírica moderna muestran que no van a desaparecer a pesar de los cambios en el espíritu de la sociedad.

    Por lo tanto, las personas que las experimentan deben tomarse las experiencias en serio (y deben ser tomadas en serio), ya que el modelo de fenómenos inquietantes sugiere que la naturaleza de tales experiencias puede ser impactante y, a veces, provocar ansiedad para el individuo. Cualquier negación de tales experiencias no es beneficiosa para el bienestar de un individuo.

    “Los profesionales clínicos ciertamente no les dicen a las personas con ansiedad o depresión que sus experiencias no son reales o válidas”, destaca Laythe. “Como mínimo, este es un fenómeno transcultural válido comúnmente experimentado y debe ser tratado como tal”.

    Para cualquiera que haya experimentado un fantasma y pueda estar luchando para aceptarlo, Laythe tiene el siguiente consejo:

    “En este tipo de experiencias, saber que su experiencia en realidad no es infrecuente y tiene algunos componentes predecibles suele ser útil”, explica.

    Según Laythe, ya sea que las personas decidan interpretar las experiencias anómalas como paranormales o no, no tienen por qué sentirse solas o locas por haberlas atravesado por las siguientes razones:

    • Tener una sola experiencia paranormal es extremadamente improbable. Según investigaciones previas, son comunes las largas historias de una variedad de experiencias paranormales sutiles y, a veces, manifiestas.
    • Los fenómenos anómalos tienden a ser tanto subjetivos como objetivos. Los aspectos internos de la experiencia incluyen presencias detectadas, toques o marcas somáticas, mientras que los aspectos externos incluyen objetos en movimiento o apariciones captadas por la tecnología.

    “Obviamente, esta es la característica más controvertida, pero notamos que nuestro modelo sigue siendo predictivo independientemente de la preferencia personal del lector por las explicaciones convencionales o paranormales”, aclara Laythe.

    En el futuro, los investigadores esperan comenzar a explorar la transliminalidad en el contexto de los practicantes religiosos y rituales, quienes invocan este tipo de fenómenos de manera regular y deliberada.

    “Sospechamos firmemente que estos grupos han desarrollado procesos y métodos mentales significativos para facilitar su transliminalidad hacia objetivos espirituales y experimentales”, explica Laythe. “Además, esperamos probar y confirmar aún más el modelo, tanto en estudios de casos como colaborando con psicólogos clínicos para abordar cómo incluir e incorporar experiencias inquietantes y religiosas en experiencias terapéuticas significativas y beneficiosas”.

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