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Fuente: Neuralink/YouTube

Neuralink Corporation, una empresa de California, está trabajando en una interfaz cerebral inalámbrica. La tecnología se conoce generalmente como interfaz cerebro-computadora o BCI. Neuralink publicó un video recientemente, probando su prototipo BCI implantado en un mono macaco. El dispositivo permite que el mono juegue un videojuego («Pong») con las manos libres, utilizando su dispositivo cerebral implantado. Algún día, si se demuestra que es segura y eficaz, el potencial de esta tecnología es enorme. Imagine una persona paralizada capaz de usar un BCI para controlar mentalmente un puntero para usar un teléfono o una computadora o para conducir una silla de ruedas mecánica. Para aquellos con capacidad física limitada, este avance de BCI podría resultar en un nuevo control e independencia.

Otra idea presentada por Neuralink es desarrollar un implante inalámbrico que conecta áreas en la corteza motora con otros implantes colocados a lo largo de la médula espinal. Neuralink se burló del concepto de que estos dispositivos algún día permitirán una conexión inalámbrica alrededor de una médula espinal cortada o dañada, con el potencial de que un paciente paralizado recupere el movimiento físico. Estos son objetivos audaces con muchas implicaciones positivas. Sin embargo, esta tecnología biocibernética no está completamente probada, aún no se ha establecido como segura y viable, ni está aprobada. Esto es para el futuro. La investigación ética y cuidadosamente salvaguardada con sujetos humanos y animales debe continuar antes de que consideremos un uso más amplio de las tecnologías de implantes cerebrales.

Otras empresas también están trabajando en implantes cerebrales. Science Corp es una empresa creada por uno de los cofundadores de Neuralink, que también trabaja en prótesis biotécnicas. El primer gran proyecto es Science Eye, una prótesis ocular artificial bioconectada para personas ciegas que combina la «terapia génica optogenética» con un implante ocular especial de bioingeniería. La biocibernética combina la biología con la ingeniería. En el caso de Science Eye, la terapia génica produce nuevas proteínas en el nervio óptico que se combinan con una retina artificial creada mediante bioingeniería. Los investigadores de Science Corp predicen que las proteínas alteradas genéticamente en el nervio óptico responderán a las señales de una retina cibernética implantada y, en última instancia, enviarán información a la corteza visual para restaurar la vista. Este dispositivo se encuentra en la etapa de investigación y se está realizando un trabajo preliminar con sujetos animales.

Blackrock Neurotech, de Salt Lake City, ha desarrollado un BCI temprano, el «NeuroPort Array», que implanta chips de silicio muy delgados que contienen filamentos de microelectrodos. BrainGate, una colaboración de investigación de EE. UU., ha utilizado el NeuroPort Array (la única plataforma BCI aprobada por la FDA) implantada en pacientes con parálisis. El Instituto de Tecnología de California informó sobre el uso de estos BCI para registrar señales cerebrales para iniciar el movimiento, que a su vez controlaba los dispositivos robóticos. Tales innovaciones podrían dar lugar a aplicaciones que cambien la vida de los pacientes paralizados.

Recientemente, Edward Chang, neurocirujano de la Universidad de California-San Francisco, usó un conjunto de electrodos de alta densidad para permitir que un paciente descodificara palabras a partir de su actividad cerebral. Como se informó en el New England Journal of Medicine, el caso involucró a un hombre de 36 años cuyo derrame cerebral lo dejó incapaz de hablar. Se implantó quirúrgicamente una matriz de electrodos en su cerebro y el hombre pudo formar palabras en una pantalla, lo que permitió la comunicación. Este sorprendente resultado clínico se logró con una muestra representativa de nuevas tecnologías; 1) usar el mapeo de neuronas asociadas con los movimientos de las cuerdas vocales, 2) entrenar un modelo de aprendizaje profundo para clasificar con precisión las señales neuronales en palabras y 3) enviar las palabras resultantes a una pantalla de computadora.

Estos resultados recientes son solo los primeros «pasos de bebé»: los próximos pasos requieren innovación y ensayos de investigación clínica éticos y bien regulados. Esta tecnología tiene el potencial para nuevos tratamientos de una amplia gama de condiciones, desde parálisis hasta ceguera, lesiones de la médula espinal, accidentes cerebrovasculares u otros trastornos.

Si algún día pudiera acceder a datos enciclopédicos de todo el mundo de forma inalámbrica, sin usar su dispositivo o memoria, sino accediendo a información transmitida desde fuera de nuestras cabezas, ¿qué afectaría esto a nuestro comportamiento? ¿Qué pasaría si tuviéramos un asistente personal de IA ocupando el fondo de nuestros propios pensamientos? Tener nuestros cerebros “vinculados” con el mundo digital trae tanto oportunidades positivas como oscuras posibilidades para el control mental y la censura. Debemos considerar los desafíos éticos de conectarnos algún día con la nube digital y el “meta-verso” de las redes sociales. Es emocionante ver que la tecnología BCI se hace realidad y se usa para tratar algunas de las condiciones más difíciles, como la ceguera y la parálisis. También es hora de considerar las intrigantes consecuencias de cómo se utilizarán los BCI en un futuro no muy lejano. El potencial es enorme y las posibilidades casi infinitas.

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