La razón por la que el tiempo nos pasa más rápido a medida que envejecemos

La razón por la que el tiempo nos pasa más rápido a medida que envejecemos

La percepción que una persona tiene acerca del tiempo varía en función de una gran cantidad de factores. Algunas de ellas son las emociones, las enfermedades, la edad, lo placenteras o tediosas que puedan ser determinadas tareas, etcétera, algunos elementos que nos ayudan a ver como nuestra noción del tiempo se ve modificada.

Aunque el tiempo es el mismo para todas las personas, la forma en lo que cada persona lo percibe varía en función de muchos elementos, por lo que es diferente. De igual forma no es extraño el pensar o tener la impresión de que el tiempo pasa muy rápido a medida que nos hacemos mayores, que las horas pasen muy lentas cuando estamos enfermos o sin trabajar, o que una fiesta que esperabas con ganas se pase como si hayan pasado 10 minutos cuando en realidad estuviste horas en ella. Las emociones son unas poderosas moduladoras de la percepción del tiempo.

La percepción del tiempo depende de nuestro día y de las accione y tareas que realicemos. Si estamos haciendo algo que nos gusta, el tiempo parece acortarse y pasar demasiado rápido, mientras que si estamos aburridos el tiempo pasa mucho más lento.

La diferente percepción subjetiva del tiempo varía, por tanto, en función de la implicación del individuo con aquello que realiza. Si lo que está realizando le produce bienestar o placer, el tiempo le pasará mucho más rápido que si está haciendo una tarea que le cansa o le aburre, tal y como han podido confirmar muchos experots.

Otro de los factores moduladores del tiempo es la enfermedad. Cuando una persona tiene la sensación de que el tiempo se alarga con respecto al tiempo cronológico real esto se debe a que está sufriendo algún tipo de malestar, mientras que cuando el tiempo se acorta y pasa rápido suele traducirse como un síntoma o estado de bienestar.

Por otro lado también hay que tener en cuenta que el realizar muchas actividades también condiciona a nuestra percepción del tiempo. Si tienes una agenda muy ocupada con actividades deportivas, redes sociales, tareas domésticas, tareas laborales, ejercer como padre o madre, ver tus programas de televisión favoritos, etcétera, es muy probable que las horas te pasen demasiado rápido.

Cuantas más acciones realices más rápido te pasará el tiempo. Por este motivo se puede definir que la percepción del tiempo es lo que ocurre entre el antes y el después de un cambio, que es lo que hace que cuando en tu día a día haces muchas cosas que empiezas y acabas tienes la sensación de que el tiempo ha pasado más rápido.

Sin embargo, hay momentos en la vida en los que la velocidad del tiempo parece ralentizarse demasiado, como puede ser el momento de tener un bebé. Los meses de la baja laboral transcurren de una forma mucho más lenta para las madres. Esto se debe a que se focaliza la atención en una sola cosa, ya que la madre está totalmente centrada en la atención del bebé. Además, el enfrentarse a una experiencia nueva, como en el caso de las madres primeriza, el tiempo se hace más lento, al igual que pasa con los primeros días de vacaciones o los primeros días en un nuevo puesto trabajo.

Las rutinas y la edad

Un punto asociado a la agenda de actividades es la instauración de rutinas, algo que ocurre cuando se encuentra una persona en torno a los 40 años de edad. Esto se debe a que a partir de esa edad se generan esquemas con los cuales adaptarse a las situaciones más rutinarias y empezamos a ver muchas de las cosas de nuestro entorno como repetitivas y no como novedosas.

Por ello se considera que investigaciones recientes apuntan a que a partir de los 40 años llega el momento en el que el tiempo empieza a pasar más rápido, al mismo tiempo que las personas empiezan a percibir que se están haciendo mayores.  No obstante, el romper con la rutina, también ayudará a aumentar la percepción del tiempo.

El tiempo en los niños

Al igual que cuando se cumplen años parece que el tiempo pasa más rápido, en el caso de los niños hay que tener en cuenta que estos tienen su propia noción del tiempo, ya que el niño vive el presente y todavía no dispone de algo que sí tienen los adultos para poder diseccionar el tiempo, que se el lenguaje.

Para un niño de unos diez años, un año puede representar en torno al 10% de su vida, mientras que para una persona que tiene 40 años, un equivale equivale al 2,5%. Por este motivo no sorprende que el tiempo tienda a acelerarse a medida que se envejece. 

 

De hecho, cuando nos paramos a pensar sobre nuestra infancia parece que nos parezca que esos años duraban mucho más y era por que estábamos viviendo muchas experiencias nuevas. Para un niño es complicado planificar sus actividades en base a un reloj, ya que esta actividad  guarda relación con la evolución del lóbulo frontal del cerebro.

Por ejemplo, para un niño que tiene que entregar sus deberes dentro de dos días, es posible que se le olvide, ya que para un niño ese tiempo es toda una eternidad, mientras que para el maestro no es así ya que tiene la capacidad para poder planificar el tiempo.

De esta manera puedes ver como el niño vive el presente, mientras que cuando se alcanza la vida adulta se crean automatismos.  La relación de una persona adulta con el tiempo, y la percepción con respecto al mismo se va perdiendo a medida que se va dejando la infancia atrás, aunque esto no es siempre saludable.

Esto ha hecho que desde hace tiempo se hayan popularizado terapias como el mindfulness o el yoga, entre otras técnicas que están pensadas para tomar conciencia con el propio cuerpo pero también con todo aquello que ocurre fuera de él.

De esta forma, una vez las mejores formas de hacer frente al paso del tiempo es a través del bienestar.

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