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Fuente: imagen de Pixabay por StockSnap

¿Con qué frecuencia ha estado en relaciones en las que el conflicto escaló rápidamente, creando distancia y angustia? Tal vez estés actualmente en una sociedad o amistad en la que te despiertes fácilmente y digas o hagas cosas de las que luego te arrepientas y no sepas cómo repararlas.

¿Qué se necesita para pasar de dar cabezazos a compartir corazones?

El conflicto es inevitable en nuestras relaciones importantes. Tenemos un anhelo innato de sentirnos amados, comprendidos y conectados. Cuando ese anhelo se ve frustrado, podemos experimentar una amenaza a nuestra seguridad y bienestar emocional. Ya sea que esa amenaza sea real o imaginaria, nuestra respuesta de lucha, huida y congelación se activa, arrojándonos a una madriguera de conejo familiar.

Cuando se activa, algunas personas se cierran y se retiran como una forma de proteger su tierno corazón. Otros pasan a la ofensiva: culpan, avergüenzan, critican y juzgan como una forma de desahogar sus emociones abrumadoras, o como una forma desesperada y equivocada de restablecer la conexión.

Aquí hay tres claves vitales para pasar del conflicto a la conexión:

1. Pausa: Lo primero que debemos hacer cuando estamos activados emocionalmente es reducir la velocidad. Hacer una pausa lo suficientemente larga como para entrar en nosotros mismos es un antídoto para reaccionar. El impulso de reaccionar es natural, pero necesitamos aplicar nuestro funcionamiento ejecutivo a la situación. Podemos recurrir a nuestro cerebro racional para moderar nuestra reactividad emocional. Podemos aprovechar nuestro sistema nervioso parasimpático en lugar de seguir siendo víctimas de nuestros impulsos autoprotectores de huida/lucha. ¿Como hacemos eso? El primer paso es hacer una pausa, lo que detiene el tren de carga fuera de control.

Cuando hacemos una pausa, nos damos la oportunidad de aprovechar los recursos internos que nos calman, preferiblemente antes de que tenga tiempo de gestarse una batalla. Respirar lenta y profundamente es una forma bien investigada de mantenernos conectados con nosotros mismos y calmarnos. Los ayudantes invisibles están disponibles si hacemos una pausa y sabemos dónde buscar.

2. Prestar atención a nuestros sentimientos: a medida que disminuimos la velocidad, podemos llevar nuestra atención a lo que estamos notando en nuestro interior. Para muchas personas, la ira es la primera emoción que notan, y quizás sobre la que actúan. Es tentador volar en cólera y culpar cuando estamos emocionalmente disparados.

Puede haber una satisfacción a corto plazo en culpar, avergonzar, criticar o diagnosticar a otros en lugar de mirar hacia adentro. Culpar está diseñado para evitar la incomodidad emocional trasladando nuestro dolor a otra persona. Entonces pueden reaccionar devolviéndonos la patata caliente de la vergüenza y el dolor. El conflicto se intensifica.

Se necesita una persona que tenga la presencia de ánimo, la fuerza interior y la autoconciencia para dar el primer paso hacia la paz. En lugar de atacar o cerrarnos, podemos llamar la atención sobre nuestro cuerpo y nuestro mundo interior. ¿Qué estamos sintiendo realmente por dentro? ¿Está bien estar con nuestra experiencia tal como es, enfrentándola y dándole la bienvenida con un corazón abierto?

La ira es una emoción primaria y saludable cuando hay abuso o injusticia, pero muchas veces la ira es una emoción secundaria. La ira ha sido diseñada por naturaleza para protegernos del dolor y ayudarnos a sobrevivir. Funcionó bien cuando lidiamos con tigres calmados con sables, pero no funciona tan bien como nuestra reacción habitual en nuestras relaciones íntimas.

Si podemos permitir que nuestra ira esté allí, mientras traemos dulzura y bondad a nuestra experiencia interna, podemos notar una serie de sentimientos más vulnerables. Estos pueden incluir tristeza, dolor, vergüenza o miedo. Si podemos encontrar la fuerza y ​​la atención para notar estos sentimientos más tiernos, estando con ellos de una manera amistosa y de aceptación, podemos encontrar que comienzan a cambiar.

Como dice el dicho, “Lo que resistimos persistirá”. A medida que nos abrimos a la gama completa de nuestra experiencia sentida, encontramos más paz interior. El auto-calmante ocurre cuando aceptamos nuestra experiencia tal como es.

Compartiendo nuestro auténtico corazón

Honrar nuestros sentimientos tal como son es el comienzo del amor propio. A medida que aceptamos nuestros sentimientos auténticos, estamos posicionados para compartir nuestros sentimientos y necesidades desde un lugar tierno en lugar de combativo. A medida que nuestro tono de voz y comportamiento reflejan nuestros sentimientos y deseos más profundos, a medida que expresamos congruentemente lo que estamos experimentando por dentro, es más probable que obtengamos una respuesta receptiva.

Es difícil seguir discutiendo con alguien que no está dispuesto a contraatacar. A medida que adquirimos más práctica en compartir con el corazón en lugar de dar cabezazos, creamos un entorno más seguro para la conexión y la confianza.

Compartir desde nuestro corazón puede sentirse vulnerable cuando exponemos algo tierno dentro de nosotros. Los brotes tiernos son fácilmente aplastados por personas insensibles que pisotean nuestro tierno jardín. Nuestro auténtico corazón necesita ser protegido teniendo límites flexibles.

Como explico en mi libro, El Corazón Auténtico:

“El camino a seguir radica en tu capacidad de rendirte al amor y la intimidad mientras tienes la capacidad de respaldo para mantener cierto tipo de límites que te mantienen conectado contigo mismo. Comprender cómo crear límites personales flexibles, diferenciar su mundo del mundo de los demás, crea una base saludable para el amor”.

Pasar del conflicto a la conexión es un arte relacional que rara vez se enseña o encarna. Requiere la gentil intención de permanecer cerca de nosotros mismos. Entonces, cuando se están gestando conflictos potenciales, cuando nos sentimos juzgados o menospreciados (ya sea real o imaginario), tenemos recursos internos a los que recurrir para que podamos responder de manera mesurada en lugar de reaccionar apresuradamente, y de una manera que podamos. lamentar.

A medida que avanzamos por la vida manteniéndonos conectados con nosotros mismos, nos sentimos menos perturbados cuando las necesidades o los puntos de vista de otra persona difieren de los nuestros. Podemos expresar nuestros sentimientos mientras escuchamos los suyos. No estamos tan amenazados cuando las necesidades de otros difieren de las nuestras. Ya no estamos tan alarmados o amenazados por las diferencias, podemos movernos con gracia con los flujos y reflujos que son una parte natural de cada relación.

© Juan Amodeo

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