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Comunicación

Fuente: Keren Fedida/Unsplash

Nuestra lengua es un músculo poderoso. Los seres humanos hemos aprendido a utilizar el lenguaje para amar, consolar, destruir e incluso proteger nuestras emociones.

Los mecanismos de defensa pueden surgir en cualquier momento cuando nos sentimos desafiados, o tal vez cuando alguien toca un nervio al decir una verdad que quizás no estemos preparados para escuchar o enfrentar en la vida. Defino los mecanismos de defensa como pensamientos inconscientes que desencadenan comportamientos y reacciones para evitar sentimientos, situaciones y emociones incómodas.

Tanto para el terapeuta como para el cliente, ambos pueden desencadenarse por algo que se dice o por una señal no verbal que puede parecer engañosa. Nos animo a reconocer que nuestras emociones son válidas y nunca debemos ser juzgados por tener una reacción humana. Sí, incluso los terapeutas a veces dicen algo que desean olvidar que se dijo en una sesión. Cuando esto ocurre, creo que este momento presenta la oportunidad perfecta para hacer una pausa, respirar profundamente y reflexionar verdaderamente sobre cómo procesar nuestros sentimientos.

Es importante tener en cuenta que no es su responsabilidad como cliente asegurarse de que su terapeuta no se deje llevar por su reacción, pero los consejeros son humanos. Además, el espacio que tenemos el honor de ofrecer a los clientes adquiere muchas formas y formas durante una sesión, ya que estamos constantemente tratando de alinear nuestros pensamientos con los suyos para comprender cómo satisfacer mejor sus necesidades.

Marcos Adriane/Unsplash

Terapia

Fuente: Mark Adriane/Unsplash

La intimidad que existe entre el terapeuta y el cliente dentro de una sesión de consejería puede resultar incómoda e intimidante. Por lo general, hay dos personas en la sala que intentan utilizar nuestras mejores habilidades lingüísticas para profundizar una relación profesional interpersonal, mientras intentan evitar los sentimientos de juicio y vergüenza que puedan surgir dentro de una sesión.

Dentro de esta dinámica de comunicación, la vulnerabilidad a menudo se convierte en el catalizador de un mecanismo de defensa. En un momento dado, existe esta extraña ventana de oportunidad para que nuestros mecanismos de defensa surjan cuando no nos sentimos seguros o protegidos.

Me desafío a mí mismo a construir constantemente una relación más profunda con mis clientes fomentando una relación terapéutica que se basa en el establecimiento de un espacio seguro, seguro y afirmativo centrado en el cliente. Al hacerlo, aquí hay tres mecanismos de defensa que mis clientes y yo a menudo exploramos y procesamos juntos en sesión. Tal vez esta discusión sobre estos mecanismos de defensa mejore su autoconciencia de los sentimientos, sesgos y desencadenantes inconscientes que pueden surgir en todas nuestras vidas.

1. Negación

La negación puede ser útil en situaciones en las que sentimos que las cosas están fuera de control o como respuesta cuando sentimos que la verdad que deseamos transmitir no será apoyada ni escuchada por otros. Sin embargo, la negación también puede ser algo positivo. Por ejemplo, para un cliente que es optimista de que su ser querido se recuperará de una cirugía o un accidente automovilístico, la negación puede ser útil para encontrar esperanza en esta situación.

Sin embargo, la negación puede hacer que no prestemos atención a las señales de advertencia de que algo debe abordarse en nuestra vida para condiciones de salud mental como la adicción. Es posible que algunas adicciones no se destaquen en la vida de los clientes porque todavía pueden trabajar, satisfacer sus necesidades diarias e interactuar socialmente con los demás. Si un cliente que vive con una adicción cree que está satisfaciendo la mayoría de sus necesidades generales todos los días sin mayores interrupciones en su supervivencia, es difícil aceptar que hay un problema y aceptar cómo afecta sus vidas y las vidas de quienes lo cuidan. a ellos.

Obie Fernández/Unsplash

Negación

Fuente: Obie Fernández/Unsplash

2. Disociación

La disociación implica estar emocional y mentalmente desconectado de los eventos de la vida, situaciones estresantes y traumas. El grado de disociación es diferente para todos. Esto depende de si la persona tiene mecanismos de afrontamiento saludables para regresar al presente y ver su realidad actual desde una perspectiva positiva.

Me disocié tanto de mi trauma del pasado que no podía recordar ciertos recuerdos de mi infancia y experiencias vividas. He aprendido a trabajar a través de mi trauma. Sin embargo, tanto para mis clientes como para mí, la disociación puede servir como protección para no recordar recuerdos que podrían causar dureza.

3. Intelectualización

Mecanismos de defensa Lecturas esenciales

Este mecanismo de defensa implica que una persona utilice la razón, la lógica y el pensamiento analítico para evitar emociones incómodas y que provoquen ansiedad.

La intelectualización puede ser muy útil en el análisis de eventos y situaciones para racionalizar nuestros comportamientos. Por ejemplo, si noto que alguien está molesto o molesto porque está maldiciendo, podría deducir que está enojado. Puede haber razones serviles para su enfado, que yo puedo o no haber podido presenciar. Sin embargo, al intelectualizar su situación, podría minimizar la importancia del sentimiento subyacente de la persona o la razón por la que está molesta.

En la sociedad, a menudo prescribimos o asignamos comportamientos que consideramos aceptables o no. Según nuestras experiencias de la infancia, por ejemplo, podemos tener prejuicios con respecto a lo que consideramos una respuesta aceptable al enojo. Algunos clientes que están marginados u oprimidos, por ejemplo, informan que sienten que no tienen el espacio para expresar sus sentimientos como otros que tienen privilegios en la sociedad. Por lo tanto, pueden sentir que sus emociones y sentimientos deben ser minimizados para ser escuchados.

Nathan Anderson/Unsplash

Comunicación

Fuente: Nathan Anderson/Unsplash

No importa cuáles sean nuestras señales verbales y no verbales en la terapia o en la vida, nos debemos a nosotros mismos y a los demás crear un espacio donde todos podamos comunicarnos lo mejor que podamos. Por supuesto, los mecanismos de defensa ocurrirán todo el tiempo. Creo que el primer paso para normalizarlos es admitir que están ahí y ser sensibles a los sistemas jerárquicos de dinámicas de poder (p. ej., género, clase y raza) que pueden hacer que tengamos prejuicios sobre las experiencias vividas por una persona.

Si somos dueños de cómo deseamos mejorar nuestra comunicación, podemos ser más responsables al afirmar el tipo de apoyo que nos gustaría recibir en la comunicación para sentirnos escuchados y validados con aceptación y compasión.

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