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Fuente: Geralt / Pixabay

Aproximadamente el 10 por ciento de las mujeres y el 4 por ciento de los hombres desarrollarán trastorno de estrés postraumático (PTSD) en su vida. Los hombres y mujeres que han experimentado un trauma sexual corren un mayor riesgo, especialmente si el trauma ocurrió a una edad temprana o se repitió.

El trastorno de estrés postraumático es un problema de salud mental que puede involucrar alteraciones en la percepción de amenazas, la sensibilidad a las amenazas, la autoimagen y el funcionamiento emocional. Esto puede afectar seriamente la capacidad de tener relaciones saludables y satisfactorias o de tolerar las incertidumbres, los fracasos y los rechazos de la vida sin angustia indebida. También puede causar fobias, alteraciones del sueño, estado de ánimo negativo, ansiedad y dificultad con la atención / concentración que interfieren con el éxito académico o profesional. La investigación en neurociencia sugiere que el funcionamiento deficiente en áreas del cerebro responsables de detectar / responder a amenazas y regular las emociones es la raíz de muchos síntomas del trastorno de estrés postraumático.

¿Qué es el PTSD?

El trastorno de estrés postraumático es un problema de salud mental que puede desarrollarse en respuesta a un trauma que pudo haber ocurrido recientemente o en el pasado distante. Por lo general, el trauma implicaría una sensación de vida o amenaza de daño corporal que lo afectaría a usted oa un ser querido. Los principales síntomas del PTSD incluyen algún tipo de revitalización (por ejemplo, reacciones emocionales. Estos síntomas deben durar al menos dos semanas e interferir con el funcionamiento o causar una angustia significativa).

¿Qué áreas del cerebro están involucradas en el PTSD?

Los síntomas del trastorno de estrés postraumático se desarrollan debido a una disfunción en dos áreas clave:

La amígdala

Es una pequeña estructura en forma de almendra ubicada profundamente en el medio del lóbulo temporal. La amígdala está diseñada para:

  • Detecta amenazas en el entorno y activa la respuesta de «lucha o huida»
  • Activar el sistema nervioso simpático para ayudarlo a enfrentar la amenaza.
  • Ayudarle a almacenar nuevos recuerdos emocionales o relacionados con amenazas.

La corteza prefrontal (CFP)

La corteza prefrontal se encuentra en el lóbulo frontal, justo detrás de la frente. El PFC está diseñado para:

  • Regular la atención y la conciencia
  • Tomar decisiones sobre la mejor respuesta a una situación.
  • Iniciar un comportamiento consciente y voluntario.
  • Determinar el significado y la importancia emocional de los eventos.
  • Regular las emociones
  • Inhibir o corregir reacciones disfuncionales

Cuando su cerebro detecta una amenaza, la amígdala desencadena una respuesta defensiva rápida y automática («lucha o huida») que implica la liberación de adrenalina, norepinefrina y glucosa para estimular su cerebro y su cuerpo. Si la amenaza persiste, la amígdala se comunica con el hipotálamo y la glándula pituitaria para liberar cortisol. Durante este tiempo, la parte media de la corteza prefrontal evalúa conscientemente la amenaza y acentúa o calma la respuesta de «lucha o huida».

Los estudios sobre la respuesta a las amenazas en personas con TEPT muestran:

  • Una amígdala hiperreactiva
  • Un PFC medial menos activado

En otras palabras, la amígdala reacciona de forma exagerada a una amenaza potencial, mientras que el PFC medial está debilitado en su capacidad para regular la respuesta a la amenaza.

Consecuencias de la disfunción cerebral en el TEPT

Hiperexcitación

Debido a que la amígdala está hiperactiva, se libera más noradrenalina en respuesta a la amenaza y su liberación no está bien regulada por PFC.

Los efectos del exceso de noradrenalina incluyen:

  • Hiperexcitación.
  • Hipervigilancia
  • Mayor vigilia y alteraciones del sueño.
  • Debido a la sobreexcitación, las personas con TEPT pueden desencadenarse emocionalmente por cualquier cosa que se parezca al trauma original (por ejemplo, una sobreviviente de agresión sexual que cuenta su historia en la televisión, un ruido fuerte o que pasa al lado de alguien que se parece a su atacante). . Los síntomas de hipervigilancia significan que con frecuencia están sobreexcitados y nerviosos, mientras que una mayor excitación significa que pueden tener dificultades para dormir o despertarse en medio de la noche.

    Ira e impulsividad reactiva

    Una amígdala reactiva mantiene a las personas con PTSD alerta y listas para una acción rápida cuando se enfrentan a una amenaza, lo que las hace más impulsivas. El PFC orbital es una parte del PFC que puede inhibir el comportamiento motor (acción física) cuando no es apropiado o necesario. En personas con PTSD, el PFC orbital tiene un volumen más bajo y está menos activado. Esto significa que las personas con TEPT tienen menos control sobre la ira reactiva y los comportamientos impulsivos cuando se desencadenan emocionalmente. La ira reactiva puede ser perjudicial para el éxito profesional e interferir con el funcionamiento de la relación.

    Aumento del miedo y la ira y disminución de las emociones positivas.

    Las personas con TEPT a menudo informan tener demasiadas emociones negativas y pocas emociones positivas. Pueden tener dificultades para disfrutar de sus actividades e interacciones diarias. Esto podría ser el resultado de una amígdala hiperactiva que se comunica con la ínsula, un área del cerebro asociada con la introspección y la conciencia emocional. El circuito amígdala-ínsula también tiene un impacto en el PFC medial, un área asociada con la asignación de significado a los eventos y la regulación de las emociones. La investigación muestra que la hiperactividad del circuito de amígdalas-amígdalas-insulto puede suprimir la PFC medial, lo que interfiere con la capacidad de regular las emociones negativas y asignar un significado más positivo a los eventos.

    Lecturas esenciales sobre el trastorno por estrés postraumático

    Cómo afectan los tratamientos al cerebro de las personas con TEPT

    Algunos estudios muestran que las psicoterapias que incluyen la exposición repetida a señales de trauma pueden mejorar la capacidad de PFC para asignar significados menos amenazantes o más positivos a eventos relacionados con el trauma. Los antidepresivos parecen tener un efecto similar. Se ha demostrado que las intervenciones de atención plena que duran de 10 a 12 semanas disminuyen el volumen de la amígdala y aumentan la conectividad entre la amígdala y el PFC. La atención plena parece hacer que la amígdala responda menos y que el PFC sea más capaz de calmar la respuesta a la amenaza. Pero algunas personas con PTSD pueden tener dificultades para tolerar la atención plena o lidiar activamente con su trauma. La evitación es un sello distintivo del trastorno de estrés postraumático, y algunos pacientes pueden necesitar más apoyo y construcción de relaciones antes de estar listos para lidiar con sus sentimientos de angustia.

    Resumen

    Las investigaciones sugieren que los cerebros de las personas con PTSD difieren del de las personas sin PTSD de dos formas principales:

    • Son hiperactivos a la amenaza (amígdalas).
    • Tienen dificultad para regular o aliviar la ansiedad y la ira (CPF medial).

    Los tratamientos efectivos para el PTSD parecen tratar estas disfunciones cerebrales al disminuir la capacidad de respuesta de la amígdala o aumentar la capacidad del PFC para calmarla. Los terapeutas que están capacitados para reconocer y tratar los signos del PTSD pueden ser mucho más efectivos para reducir el considerable sufrimiento asociado con su experiencia traumática. Educar a los pacientes sobre sus síntomas y la neurobiología del PTSD puede ser desalentador y aumentar su autocompasión y sentido de control.

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