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Fuente: Photographeeeu/canstockphoto

Co-escrito por William Capriola

Consideremos dos escenarios adolescentes.

Primero, Sasha:

Sasha nació preocupada. Siempre ha sido una niña tímida, sensible y con mucha ansiedad. Afortunadamente, ha tenido familiares, amigos y maestros que la han apoyado, quienes la han empujado suavemente fuera de su zona de confort.

Pero hace unos años, la vida hogareña de Sasha empeoró. Sus padres comenzaron a discutir con regularidad, al principio a puerta cerrada, pero pronto frente a sus hijos. En este ambiente estresante, la sensibilidad natural y la ansiedad de Sasha le hicieron creer que de alguna manera ella tenía la culpa de todas las discusiones.

Sasha, que ahora tiene 12 años, ha estado expuesta a este conflicto familiar durante tanto tiempo que ha dañado su autoestima. Comenzó la escuela secundaria, donde conoció a muchos niños nuevos, pero ha tenido problemas para entablar amistades sin preguntarse constantemente cómo la perciben y valoran los demás y, lo que es más importante, qué puede hacer ella para mantener su amistad.

Sasha se preocupa constantemente de haber hecho o dicho algo que hará que sus amigos no la aprecien. Sin embargo, ¡Sasha es increíblemente agradable! Es una persona muy divertida, empática. Aún así, le aterroriza conectarse con otros niños porque cree que nunca podrían querer ser sus amigos.

Ahora veamos a Tyler:

A los 15 años, Tyler es un gran estudiante y un ávido jugador de fútbol. Él también tiene TDAH. A Tyler siempre le ha ido bien académicamente, ya que su TDAH se presenta principalmente como impulsividad, no como falta de atención. Pero socialmente, Tyler a veces tiene problemas para evitar interrumpir a los demás o retener comentarios que pueden parecer insensibles o irreflexivos.

Preocupada de que este comportamiento pudiera estar afectando sus relaciones, la madre de Tyler le preguntó recientemente si su impulsividad le había causado algún problema con sus amigos. Al principio, Tyler negó que fuera un problema. Pero en verdad, había un patrón. Sus comentarios soltados a menudo han resultado en sentimientos heridos e incluso discusiones. Esto ha estado sucediendo durante años, lo que ha llevado a una pelea entre Tyler y algunos de sus amigos más cercanos. Con el tiempo, sus amigos se volvieron menos tolerantes, lo criticaron más abiertamente y dejaron de invitarlo a salir.

Tyler finalmente comparte con su madre que está abrumado por el daño a sus amistades. El conflicto lo ha dejado sintiéndose culpable, avergonzado y, a menudo, rechazado por algunas de sus personas favoritas. Su mamá se da cuenta de que ha estado pidiendo menos tiempo de juego en sus partidos de fútbol y los maestros informan que Tyler está mucho más callado en clase. Rara vez les pide a sus amigos que salgan, a pesar de que Tyler siempre ha sido un estudiante-atleta apasionado y una mariposa social.

Comprender la autoestima

La autoestima está en el centro de las historias de Sasha y Tyler, y para ayudarlos, debemos comprender cómo la autoestima afecta nuestra forma de pensar. La autoestima es la opinión general que una persona tiene sobre sí misma: cómo percibe sus habilidades y su valor, su confianza en sí misma y su sentido de seguridad.

Las personas experimentan la baja autoestima de manera diferente. Por ejemplo, no todas las personas con baja autoestima son excesivamente autocríticas, pero sin importar cómo se manifieste, la baja autoestima es bastante común. Incluso las personas más exitosas, incluidas las celebridades y los atletas, a menudo luchan con «bolsillos» de dudas en ciertas partes de sus vidas.

Causas de la baja autoestima

Hablaremos con Tyler y Sasha más tarde, pero por ahora, vamos a alejarnos de estos dos casos para considerar algunas razones por las que un niño o adolescente podría tener baja autoestima:

  • Abuso crónico y críticas: todos necesitamos compasión, empatía y aliento.
  • Experiencias Adversas en la Infancia (ACE): Las ACE son eventos que ocurren durante el desarrollo de un niño que pueden ser traumáticos, como negligencia, presenciar violencia, la muerte de un miembro de la familia o el encarcelamiento de un ser querido.
  • Presiones y expectativas sociales: todos estamos constantemente expuestos a los éxitos de amigos y familiares en las redes sociales, celebridades destacadas y fotos muy editadas de personas en los medios y anuncios. Es difícil resistir la comparación y la sensación de no ser lo suficientemente bueno. Las expectativas irrazonables e inalcanzables de la sociedad están dañando la autoestima.
  • Ataques a la identidad: Los mensajes hirientes sobre personas marginadas pueden sacudir el orgullo de un joven por una parte fundamental de su identidad, como su cultura, raza, sexualidad, género o clase socioeconómica. Las personas con enfermedades médicas crónicas, impedimentos físicos, trastornos del aprendizaje o problemas de salud mental enfrentan desafíos similares.

Lecturas esenciales para la autoestima

Efectos de la baja autoestima

Vimos cómo la baja autoestima de Sasha perjudicó su capacidad para entablar relaciones saludables y cómo Tyler se volvió mucho más retraído como resultado de su baja autoestima. ¿De qué otra manera podría afectar a una persona joven? Los jóvenes con baja autoestima pueden:

  • Demostrar menos confianza y evitar tomar riesgos saludables, como hacer una audición para una obra de teatro escolar.
  • Lucha para tomar decisiones importantes, como elegir qué clases tomar o si aceptar una posición de liderazgo en un club.
  • Tener dificultad para decir no bajo la presión de los compañeros, como cuando se les presiona para usar sustancias o conducir bajo la influencia
  • Les resulta difícil adoptar confrontaciones saludables y la autodefensa cuando necesitan enfrentarse a un acosador o defender sus valores.
  • Tienden a sufrir ansiedad, depresión, soledad o adicción más adelante en la vida.

Cómo ayudar a los jóvenes a aumentar la autoestima

Uno de los mayores regalos que podemos pasar a los niños es la creencia de que tienen un valor inherente y son dignos de ser amados por lo que son.

Al ayudar a un joven a desarrollar una autoestima saludable, apoyamos su fuerza y ​​confianza internas y lo ayudamos a aprender de sus fracasos. Cuanto más jóvenes empecemos a ayudar, mejor, pero nunca es demasiado tarde para empezar a mejorar la autoestima de un joven. Los adultos que cuidan pueden:

  • Muestre a los niños amor incondicional, aliento y elogios. Incluso cuando los niños fallan o se portan mal, podemos mostrar compasión mientras procesamos la situación juntos.
  • Ayude a los niños a tener un impacto positivo en la vida de otra persona. Esto se puede hacer a través del voluntariado en la escuela o la comunidad, ayudando a los hermanos menores o ayudando a los padres con las tareas del hogar.
  • Ayude a los jóvenes a mejorar sus habilidades y actividades favoritas. La confianza y la competencia van de la mano, y cuando los niños se sientan orgullosos de sus habilidades, también se sentirán más positivos consigo mismos.
  • Ayude a los jóvenes a desarrollar una visión realista y positiva de sí mismos al reflexionar con precisión sobre sus fortalezas y debilidades. Asegúrese de hacer esto sin juzgar. No importa la edad, crecemos más cuando vemos los fracasos como una oportunidad para aprender sobre nosotros mismos.
  • Dar a los jóvenes la oportunidad de asumir la responsabilidad de sus acciones. Esto incluye la oportunidad de disculparse cuando experimentan un conflicto.
  • Identifique y cuestione los patrones de pensamiento negativos, que a menudo son exagerados y distorsionados, y erosionan la autoestima.
  • Ayude a los jóvenes a enorgullecerse de su identidad única y sus diferencias. Estos incluyen la sexualidad, el género, la raza, el origen étnico y las constelaciones familiares.
  • Modelar comportamientos positivos. Demuéstrele a su hijo cómo practica la autocompasión y no le oculte sus reveses.

La última palabra

La buena noticia es que hay muchas maneras de ayudar a nuestros jóvenes a mejorar su autoestima. Veamos cómo resultaron las cosas para Sasha y Tyler.

Para Sasha, tomó tres pasos y un poco de tiempo:

  • Conociendo bien a su hija, el padre de Sasha notó su comportamiento retraído y comenzó a tener conversaciones suaves sobre lo que le preocupaba. Sasha se abrió y admitió que se sentía culpable por causar problemas en la familia. Le aseguraron repetidamente que los conflictos no eran su culpa.
  • Los padres de Sasha le pidieron ayuda a su pediatra de atención primaria para programar una evaluación clínica. La evaluación reveló que Sasha tiene un trastorno de ansiedad generalizada y un temperamento tímido e inhibido.
  • Por recomendación del evaluador, Sasha inició terapia individual y familiar. Sus padres también iniciaron terapia de pareja. La familia consideró medicamentos para la ansiedad generalizada de Sasha, pero decidió que no eran necesarios en ese momento.
  • En el transcurso de unos meses, la autoestima de Sasha creció mucho. Se comprometió con amigos con menos ansiedad y, lo que es más importante, experimentó menos culpa en torno a su vida hogareña.

    En el caso de Tyler, su madre se dio cuenta de que había que hacer algo. Tuvieron algunas reuniones conjuntas con su psicofarmacólogo y propusieron el siguiente plan:

    • Se ajustó la medicación estimulante de Tyler y se aumentó la dosis. El psicofarmacólogo también le recetó un segundo medicamento, Tenex (guanfacina), que ayuda a reducir la impulsividad sin afectar la atención.
    • Se inició la terapia conductual cognitiva (TCC) para modificar los pensamientos de Tyler y practicar el pensamiento antes de actuar. Se volvió menos egoísta y más consciente de las consecuencias de su comportamiento.
    • Como su impulsividad también se había notado en casa, la mamá de Tyler organizaba reuniones familiares, que incluían a su hermano, para ayudarlo a aprender estrategias y habilidades conductuales.
    • La mamá de Tyler inició una evaluación BÁSICA para revisar sus adaptaciones especiales en la escuela. Esto resultó en cambiar su asiento en la escuela, programar reuniones con el consejero escolar y obtener comentarios constructivos del personal de la escuela con respecto a su comportamiento impulsivo.

    Después de seis meses de este plan, el comportamiento interpersonal de Tyler mejoró significativamente, junto con una mayor autoestima, orgullo y confianza en sí mismo.

    Tyler y Sasha son ficticios, pero los problemas que experimentaron son tan reales como comunes. Cuando un joven experimenta baja autoestima, los adultos en su vida tienen la oportunidad de ayudarlo a desarrollar la confianza y la resiliencia que lo llevarán lejos en la vida. Podemos encontrar esperanza al recordar que las soluciones a la baja autoestima son aún más diversas que las causas. El conocimiento, las conversaciones y el amor guiarán el camino hacia un mundo de cambio.

    Esta publicación fue publicada originalmente por The Clay Center for Young Healthy Minds en el Hospital General de Massachusetts.

    Para encontrar un terapeuta, visite el Directorio de terapias de BlogDePsicología.

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