Cómo aprender a gestionar la vida diaria: El aprendizaje emocional

Cómo aprender a gestionar la vida diaria: El aprendizaje emocional

Las reacciones emocionales ayudan a una persona a adaptarse a las diferentes situaciones que se presentan en el día a día, si bien, en función de cada persona, también puede implicar diferentes problemas, ya sean de salud, de adaptación, etcétera, unos problemas que deben aprenderse a controlar.

El bienestar de una persona implica diferentes aspectos, tanto en el plano físico como en el mental, teniendo entre ellas una vinculación que es clave. Si una de ellas no está bien, la otra tampoco lo está. Por esto es tan importante incidir en el aprendizaje emocional.

El aprendizaje emocional sirve tanto para controlar las propias emociones como para poder desarrollar herramientas que ayuden a la solución tanto de problemas personales como en el ámbito laboral y en el deporte. Esto es necesario ante el incremento diario de estímulos y la capacidad de concentración, pudiendo ser necesario en muchos casos el recurrir a profesionales que puedan ayudar a la hora de poder adquirir y adaptar esas herramientas a las necesidades de cada persona, contribuyendo así a que el aprendizaje emocional sea realmente efectivo.

A través de este aprendizaje se consigue incorporar a la mente diferentes reacciones que anteriormente no existían, al igual que ocurre con nuestro propio desarrollo en la vida y al crecer, como puede ser la reacción ante un determinado olor o sabor que experimentamos. Sin embargo, existen otras reacciones que también se incorporan y que no son naturales, que carecen de racionalidad o que no se ajustan de una forma real con respecto al estímulo que las ha generado.

Las personas disponemos de la capacidad universal de poder desarrollar diferentes tipos de aprendizaje emocional. Por un lado el aprendizaje o condicionamiento asociativos a determinados estímulos relevantes, como el aprender frente a una situación traumática o un alimento que nos provoca algún tipo de malestar, entre otros, lo que hace que se generen diferentes reacciones, ya sean de miedo, de asco, u otro tipo de emociones. A través de este procedimiento, se consiguen adoptar reacciones frente a diversos estímulos que antes no nos provocaban ningún tipo de reacción emocional.

Por otro lado hay que destacar el denominado aprendizaje cognitivo. En este caso, la reacción emocional es producida a través de una interpretación incorrecta, como puede ser el reaccionar sudando tras quedar con algunas personas, una reacción que se puede valorar como un sentimiento de amenaza, al pensar que las otras personas pueden llegar a juzgarnos de una manera negativa.

Al darle cada vez una mayor importancia, se magnifica nuestra reacción y esto puede acabar derivando en problemas de ansiedad. Además, en el caso de que se mantenga de forma excesiva en el tiempo puede llegar a hacer que se produzca una fobia social, la cual se puede asociar incluso a los conocidos ataques de pánico

Depresión, estrés y sesgos cognitivos

En relación con lo anterior hay que tener en cuenta que el estrés es un proceso que hace que una persona se active para poder hacer frente a determinadas situaciones que tiene en su vida, y que hace que haya que hacer uso de unos recursos superiores a los habituales. Esto implica un mayor cansancio, pero al mismo tiempo se conseguirá que, una vez que el estimulo frente al que se reacciona desaparezca, se podrá descansar y optar a la recuperación.

Sin embargo, cuando la situación de estrés se prolonga de manera excesiva en el tiempo, la persona acostumbra a estar más tensa, nerviosa e irritable, además de poder llegar a aumentar los sesgos cognitivos, lo que se puede traducir como la manera en la que se interpretan las situaciones, y por ello se dará origen a problemas de ansiedad, agotamiento físico y mental y otros síntomas que pueden acabar derivando en una depresión.

Esto hace que en este tipo de situaciones sea más probable que se originen problemas de aprendizaje cognitivo-emocional, como son los siguientes:

  • Miedo irraccional o temor a determinadas reacciones emocionales. Se puede deber a una interpretación cognitiva de amenaza, por la creencia errónea de que la salud pueda estar en peligro.
  • Miedo a la ansiedad en situaciones sociales por el temor a que otras personas puedan darse cuenta de determinados actos de torpeza. Por ejemplo el temor a comportarse de una forma inadecuada puede acabar derivando en una inhibición social, ya que se piensa que otras personas van a estar pendientes de la conducta y que tras evaluar a la persona la van a rechazar.
  • Evitar situaciones emocionales, aunque esa persona realmente no pueda hacerlo. Esto puede ser, por ejemplo, el evitar viajar en un avión o el evitar hablar en público por ansiedad pero que, por necesidades de su trabajo, deben hacerlo.
  • Activación fisiológica que provoca sudor, temblor muscular, temblor de voz o rubor, por temor a que otras personas puedan observar esta respuesta en ellos mismos, y les puedan evaluar de forma muy negativa.
  • Problemas de concentración, contracturas musculares, cansancio físico, falta de motivación…., debido a que se dedican la mayor parte del día a prestar demasiada atención a sus miedos, ansiedad y a preocuparse de lo que podría ocurrir si no pueden controlarse, lo que acaba derivando en un incremento de los niveles de ansiedad.
  • Problemas de insomnio que se encuentran asociados a un nuevo hábito, que consiste en repasar los problemas diarios a la hora de dormir y anticipar diferentes problemas, lo que les mantiene activos y, por tanto, les impide conciliar el sueño.

Para poder aprender a tener el control de este tipo de situaciones necesario apostar por unas rutinas estrictas y unas herramientas apropiadas. Para ello lo mejor es ponerse en manos de un profesional que te pueda ayudar a gestionar  estas situaciones, al mismo tiempo que tener un mayor control sobre la ansiedad y tratando de mejorar, por tanto, la calidad de vida.

Por todo ello es importante siempre ponerse en manos de un psicólogo en el caso de que se presente alguno de estos problemas de aprendizaje cognitivo – emocional, siendo imprescindible, por tanto, el aprendizaje emocional en la vida de cualquier persona.

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