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Fuente: Dloic/unsplash

Cuando pensamos en violencia de pareja íntima (IPV), podemos pensar inmediatamente en abuso físico o emocional manifiesto. Sin embargo, hay otra forma de abuso que a menudo pasa desapercibida porque no siempre incluye tácticas como la manipulación, la devaluación abierta o la violencia física.

El control coercitivo es una forma estratégica de abuso psicológico y emocional continuo que se basa en el control, la manipulación y la opresión; las mujeres de 18 a 29 años corren el mayor riesgo. Otros factores de riesgo incluyen: educación o ingresos bajos, rasgos asociados con el trastorno límite de la personalidad, dependencia emocional o financiera, baja autoestima y antecedentes de abuso físico.

El control coercitivo consiste en el uso continuo y creciente de estrategias de manipulación que niegan a la víctima su autonomía y sentido de identidad. Se utiliza un desequilibrio de poder y la explotación psicológica y emocional para dañar sistemáticamente a una persona. Lo que hace que el control coercitivo a menudo sea más dañino es que una persona puede no reconocer que está siendo controlada o manipulada hasta que su estima, sentido de seguridad y autonomía se deshacen. El control coercitivo se ve en los “vínculos traumáticos”, que a menudo ocurren en relaciones abusivas alimentadas por altos niveles de narcisismo; ambos se basan en ciclos de refuerzo intermitente positivo y negativo.

Desde una perspectiva emocional, cognitiva y psicológica, el control coercitivo puede ser más dañino para una víctima porque muchas veces el daño no se ve de inmediato. Puede que no haya signos evidentes ni abuso físico o verbal. Esto puede hacer que la víctima se cuestione si lo que está experimentando es realmente maltrato.

Cuatro patrones comunes observados con el control coercitivo incluyen:

Limitando la Autonomía

Cuando una relación es nueva, es común creer que una persona que quiere pasar cada momento con nosotros es una señal de que está interesada en conocernos. Si bien esto es cierto para las relaciones saludables, no es el caso del control coercitivo.

La autonomía de una persona puede verse limitada de varias maneras. Algunas tácticas comunes incluyen: negarse a dejar que alguien trabaje o hacer que lo despidan, restringir el acceso al transporte, decirle a los amigos de la persona que no está en casa si llama, devaluar la elección de amigos de la otra persona, encontrar fallas en sus pasatiempos o insistir en que proporcionar un recibo para validar dónde estaban.

Lo que los hace tan peligrosos es que el control coercitivo puede parecer un intento de “salvar” a alguien; este tipo de comportamiento se ha denominado coloquialmente como «síndrome del caballero blanco». Por ejemplo, en lugar de permitir que una pareja vaya a trabajar, pueden tratar de presentarse como un «héroe» y decirle a su pareja que no necesitan trabajo y que pagarán las cuentas. Cuando el control coercitivo está en juego, el objetivo es mantener a la víctima confiando en ellos financiera, emocional y psicológicamente donde la autonomía es limitada.

Uso de tecnología para rastrear

Una persona puede insistir en colocar cámaras en la casa como sistema de seguridad, o puede usar la vigilancia bidireccional para hablar con su pareja. Si bien la justificación dada puede ser mantener a su pareja a salvo o conversar con ellos mientras están en el trabajo, no se basa en el altruismo sino en el interés propio y el control.

De manera similar, se pueden colocar restricciones en las computadoras o teléfonos de alguien, o pueden piratear la computadora de otra persona usando un visor remoto para «arreglarlo». Otras veces, pueden pedir contraseñas para asegurarse de que son lo suficientemente seguros, o pueden colocar un rastreador GPS en el automóvil de su pareja.

Lo que hace que estas acciones sean tan insidiosas es que la apariencia puede parecer un intento de proteger a su pareja o asegurar su hogar, pero la realidad es que cuando el control coercitivo está en juego, se basa en el monitoreo y la vigilancia.

Intimidad y sexo usados ​​como poder o control

Los signos manifiestos de control coercitivo pueden basarse en hacer “sugerencias” sobre qué ponerse, qué probar o qué hacer en el dormitorio. Otros tipos de control coercitivo pueden ser más encubiertos, en los que se violan ciertos límites personales, se sobrepasa la intimidad relacional o se cruzan los límites con lo que ya se ha discutido o acordado.

Relaciones Lecturas esenciales

Cuando el sexo o la intimidad se usan como poder y control, puede dar la impresión de querer «darle vida a las cosas» o «probar algo nuevo» en el dormitorio. La manipulación puede incluir súplicas, cumplidos, promesas o elogios. Lo que puede comenzar como una experiencia única puede volverse más común, o pueden surgir nuevas demandas en el dormitorio que pueden violar aún más el sentido de autonomía personal o los límites.

Vigilancia de la salud y el cuerpo de la pareja

La mayoría de las tácticas de control coercitivo no requieren intervención médica inmediata, lo que las hace más difíciles de rastrear. Sin embargo, algunas tácticas coercitivas pueden convertirse en una necesidad de intervención médica cuando la salud física de alguien está controlada o comprometida.

Por ejemplo, alguien puede tener lo que come, cómo duerme o cómo se viste dictado por su pareja. Es posible que no se les permita usar cierta ropa o que se les exija que cumplan con un horario diario de cuándo irse a dormir o cuándo despertarse. Se pueden ofrecer elogios y refuerzos positivos intermitentes por cumplir con el horario, o el controlador puede elogiar a su pareja por «verse bien» o «perder peso», lo que puede hacer que la pareja dude de sí misma o se sienta avergonzada por cuestionar si está bien. siendo maltratado

En el otro extremo del espectro, el control coercitivo puede incluir monitorear cuánto come una pareja, cuándo come, contar calorías, exigirles que sigan una rutina de ejercicios rígida o peligrosa, o negarles atención médica cuando hay una necesidad médica o una emergencia. .

Obtener apoyo

El control coercitivo es una forma peligrosa de abuso porque puede pasar desapercibido. En lugar de insultos, una víctima puede recibir cumplidos, elogios o «bombas de amor» por cumplir con la manipulación. Partir puede ser muy difícil, especialmente si nuestra autoestima y autoestima se han visto afectadas negativamente. Hablar con un psicólogo capacitado en relaciones abusivas y trauma relacional puede ayudar.

Para encontrar apoyo cerca de usted, visite el Directorio de terapias de BlogDePsicología.

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