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Fuente: T. Kaiser / Unsplash

Por mucho que nos gustaría creer que tenemos el control total de nuestras acciones, la verdad es que una gran parte de nuestro comportamiento está dictado por nuestros hábitos e impulsos. Las investigaciones sugieren que este es el caso de casi todos nosotros, aunque algunos tipos de personalidad tienden a tener más control que otros. En algún momento, las acciones automatizadas basadas en poco o ningún pensamiento consciente se activan y guían nuestro comportamiento de maneras que ni siquiera nos damos cuenta.

De hecho, un estudio reciente de Wendy Wood de la Universidad del Sur de California encontró que más del 40% del comportamiento diario de las personas era habitual.

Por ello, deconstruir las causas detrás de la habituación de nuestras acciones y buscar nuevas formas de integrar la intención y el autocontrol en nuestras vidas ha tomado un lugar central en el campo de la psicología. Aquí hay tres piezas de sabiduría basadas en la investigación que pueden ayudarlo a anular su «comportamiento predeterminado».

1. Cree un entorno ‘libre de fricciones’. Según un estudio realizado por el psicólogo Asaf Mazar de la Universidad del Sur de California, uno de los mayores errores que cometemos cuando tratamos de cambiar algo en nuestro comportamiento es atribuirlo erróneamente a nuestro estado de ánimo. Esto significa que no somos conscientes de si un determinado comportamiento es el resultado de un hábito de larga data o de un estado interior.

“Si seguimos pensando que el comportamiento es impulsado por estados internos, seguiremos tratando de regular el comportamiento regulando los estados internos”, explica Mazar. “Pero en el caso de la ropa, este enfoque no es suficiente. Los hábitos pueden persistir incluso cuando tenemos la intención de actuar de manera diferente”.

Después de reconocer este sesgo, una forma eficaz de cambiar los hábitos es diseñar entornos que respalden los buenos hábitos e impidan los malos. Esto se puede hacer reduciendo la «fricción» (obstáculos aparentemente menores que se interponen en el camino del comportamiento positivo) en nuestro entorno.

“Encontramos que la fricción puede ejercer una gran influencia en el comportamiento, pero las personas tienden a subestimar sus efectos cuando intentan cambiar sus hábitos”, dice Mazar. Como ejemplo, si está tratando de romper con su adicción al espresso matutino, intente llenar su gabinete con té verde en lugar de confiar en su fuerza de voluntad para cambiar a primera hora de la mañana.

2. Use la planificación de acción ‘si-entonces’. Si está tratando de convertir un comportamiento novedoso en un hábito, un estudio reciente sugiere que el truco podría ser pensar en realizar un determinado comportamiento en una determinada situación; en otras palabras, crear un vínculo de estímulo-respuesta en el pensamiento.

El psicólogo Torsten Martiny-Huenger de UiT, la Universidad Ártica de Noruega, se refiere a esto como agregar una señal situacional, o planificación de acción si-entonces.

Supongamos, por ejemplo, que acepta hacerle un favor a un amigo, como enviar una dirección web que tiene como marcador en la computadora de su casa. Pero estás en el trabajo, por lo que no puedes acceder al marcador de inmediato. Según el estudio, la mejor manera de lograr esto sería pensar repetidamente: «La próxima vez que encienda la computadora de mi casa (pista situacional), primero le enviaré a mi amigo la dirección web».

Esto establecerá un vínculo estratégico entre la intención y la situación y eliminará la necesidad de depender de alguna coincidencia para recordarle la intención. Esto no solo lo ayudará a ejercer el autocontrol, sino que también puede mejorar su memoria.

“Relacione el comportamiento previsto con señales situacionales que brinden buenas oportunidades para iniciarlos”, dice Martiny-Huenger. “Cuando quiera hacer un poco más de actividad física, por ejemplo, piense repetidamente: ‘Cuando esté esperando frente al ascensor, daré la vuelta y usaré las escaleras’. Tal planificación si-entonces no es mágica y no conducirá a implementar con éxito el comportamiento previsto cada vez, pero aumentará la probabilidad de que lo haga”.

3. ‘Ego-alinear’ sus acciones a sus valores. Si eres una persona a la que le resulta difícil tomar decisiones o si a menudo te sientes en conflicto con tus acciones, un estudio reciente puede tener una solución para ti: la alineación del ego.

La alineación del ego, según los investigadores, describe la conexión entre la capacidad de un individuo para saber qué debe hacer en ciertas situaciones frente a la realización real de la acción «correcta».

“Se nos ocurrió que al usar las instrucciones ‘haría’ y ‘debería hacer’, podríamos examinar una pregunta muy interesante: hasta qué punto una persona determinada haría lo que cree que es efectivo en una situación dada, dice el psicólogo Michael Robinson de la Universidad Estatal de Dakota del Norte. “Es probable que las personas que tienen altos niveles de alineación del ego vivan vidas mejores y menos conflictivas. Por el contrario, las personas desalineadas esencialmente trabajan con propósitos opuestos. Actúan de formas que ellos mismos saben que son problemáticas. Este es un modo de existencia más parecido al id”.

Las personas alineadas con el ego están mejor equipadas para tomar decisiones que pueden ser desagradables a corto plazo pero que tienen beneficios a largo plazo. Además, debido a su enfoque en la resolución de problemas, es menos probable que vean las decisiones difíciles como aversivas.

Conclusión: Los hábitos e impulsos son métodos desarrollados por nuestra mente y cuerpo para hacer nuestra vida más fácil y eficiente. Sin embargo, si no los revisamos y revisamos regularmente, podemos pasar gran parte de nuestras vidas yendo por el camino equivocado.

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