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Fuente: Bewakoof/Unsplash

Tener una buena conversación es una de las alegrías subestimadas de la vida. ¿Cómo podemos tener más de ellos? Aquí hay tres sugerencias respaldadas por investigaciones de psicólogos para ayudarlo a mejorar sus habilidades de conversación.

1. Sea un mejor oyente.

Para ser un buen conversador, ser un buen oyente parece una obviedad. Pero, ¿existe una ruta clara para agudizar sus habilidades de escucha?

Los psicólogos sugieren que sí, y tiene que ver con cultivar más humildad.

Específicamente, trabaje en la construcción de la humildad interpersonal al:

  • Reconocer las fortalezas y contribuciones de los demás.
  • Estar abierto a la retroalimentación y la crítica constructiva.
  • Permanecer orientado hacia las necesidades de los demás.

Escuchar mal, según el psicólogo Michal Lehmann, puede afectar negativamente la calidad de las relaciones que uno construye con los demás.

“No escuchar a nuestros amigos o personas importantes significa saber menos sobre sus vidas y estar menos involucrados, lo que afecta la calidad de esas relaciones”, dice.

Para ser un buen oyente, Lehmann también le insta a no tener miedo al silencio.

“La gente a menudo tiene miedo o se avergüenza de los momentos de silencio durante las conversaciones”, dice. “Los momentos de silencio son esenciales para construir una buena conversación. Permítete estar en silencio, para permitir que el otro hable”.

2. Mantenga la pelota rodando.

“Las personas a menudo dudan en reservar una cantidad significativa de tiempo para conversar porque les preocupa que se les acaben los temas de conversación y que, como resultado, su conversación se vuelva aburrida o incómoda”, dice el Dr. Micheal Kardas, investigador de la Universidad Northwestern.

Un estudio realizado por Kardas requirió que pares de extraños tuvieran conversaciones habladas entre sí. Los investigadores monitorearon las conversaciones e incluso las pausaron cada pocos minutos para evaluar su estado.

“Después de los primeros minutos de conversación, las personas tendían a indicar que se estaban divirtiendo, pero también indicaron que pensaban que se les acabarían los temas de conversación a medida que la conversación continuara y que la conversación se volvería menos placentera”, dijo. Kardas.

Pero cuando se les pidió a los participantes que mantuvieran la conversación, encontraron más material para hablar y disfrutaron el resto del diálogo mucho más de lo que esperaban.

Kardas llegó a la conclusión de que las personas son demasiado rápidas para desconectar una buena conversación, pensando, erróneamente, que las conversaciones que duran más de unos minutos son percibidas como aburridas por su compañero de conversación.

“Cuanto más dura una conversación, mejor se conocen las personas y más significativas tienden a ser estas conversaciones”, dice. “Lo que nos sugieren estos hallazgos es que las personas podrían dedicar más tiempo a las conversaciones de lo que normalmente dedican, porque no es probable que se queden sin cosas que decir o que se aburran de la conversación tan rápido como podrían pensar”.

3. Expóngase al arte.

La psicóloga Katherine Cotter jura por los efectos positivos que la exposición al arte puede tener en su bienestar psicológico. Además de mejorar nuestra calidad de vida y reducir el estrés y los niveles de cortisol, los museos de arte pueden ayudarnos a encontrar y construir comunidad.

“Los museos de arte son un espacio donde las personas pueden sentirse conectadas y menos aisladas y pueden usarse como una forma de construir una comunidad”, dice ella. “Como muchas naciones hablan de una epidemia de soledad, ir a un museo de arte puede ser una forma de ayudar a combatir nuestros sentimientos de soledad y aislamiento”.

Según Cotter, hay dos formas en que la exposición al arte puede conducir a mejores conversaciones:

  • Podemos experimentar algo llamado “el efecto museo” cuando visitamos un museo de arte. Cuando ingresamos a un museo, podemos entrar en un estado de contemplación elevada que nos permite reflexionar sobre nosotros mismos, las comunidades a las que pertenecemos y la sociedad en general. Este estado nos prepara automáticamente para conversaciones más profundas y significativas.
  • Los museos de arte son espacios únicos a los que, para la mayoría de nosotros, no vamos con mucha frecuencia. Cuando tenemos la oportunidad de visitar un museo, es bastante fácil sentirse transportado y dejar de lado nuestras preocupaciones cotidianas y simplemente estar presente durante esa experiencia. Es posible que perdamos la noción del tiempo o nos encontremos absortos en una obra en particular durante nuestra visita. Esto puede ayudarnos a deshacernos de nuestras inseguridades y mantener una conversación en lugar de interrumpirla por miedo a quedarnos sin temas de conversación.
  • Conclusión:

    Las buenas conversaciones consisten principalmente en lograr un equilibrio saludable entre dar y recibir. Pensar que tienes que dirigir el programa o ser un oyente perpetuo puede llevar a conversaciones insatisfactorias. ¡Quizás el mejor consejo es respirar hondo, no pensar demasiado y sumergirse!

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