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Fuente: Sebastian Gauert / Shutterstock

El término preferencia temporal es un concepto económico que se refiere a la importancia que le damos a los resultados futuros sobre los resultados actuales. Aquí hay 10 razones por las que las personas se preocupan menos por una consecuencia futura que por el presente, y por qué a menudo es un error.

1. Deseo de evitar retrasos.

En términos generales, queremos cosas ahora y no más tarde. Existe un malestar psicológico asociado con el desinterés. Desde un punto de vista evolutivo, nuestro instinto es agarrar la recompensa a la mano, y resistir ese instinto es difícil. La evolución ha dado a los humanos y otros animales un fuerte deseo de recompensas inmediatas. En los entornos humanos prehistóricos, la disponibilidad de alimentos era incierta. Al igual que otros animales, los humanos sobrevivirían y se reproducirían si tuvieran una fuerte tendencia a agarrar la recompensa inmediata más pequeña y omitir la recompensa más grande pero retrasada.

2. Incertidumbre.

Toda una vida aprendiendo a no confiar en que otros cumplirán sus promesas en el futuro (por ejemplo, crecer sintiéndose completamente desamparado) puede influir en la resistencia de una persona a retrasar la gratificación. Asimismo, la corta duración y la incertidumbre de la vida influyen en nuestra preferencia temporal. La mala salud en particular es un indicador de mortalidad y, por lo tanto, aumenta la incertidumbre sobre si se recibirá una recompensa futura.

3. Edad.

Los adultos jóvenes tienden a ser impulsivos. Experimentar eventos de la vida que enseñan lecciones sobre el tiempo puede cambiar las preferencias temporales de una persona. Por ejemplo, experimentar la muerte de un ser querido anima a los adultos jóvenes a pensar y centrarse más en su futuro a largo plazo. Mark Twain dijo una vez que «la vida sería infinitamente más feliz si solo pudiéramos nacer a la edad de 80 años y acercarnos gradualmente a los 18». (La película de 2008 El curioso caso de Benjamin Button es una ilustración dramática de la idea de envejecer).

4. Imaginación.

Resistir la recompensa a corto plazo en favor de la recompensa a más largo plazo requiere la capacidad de visualizar el futuro lejano. Tener una visión vívida del futuro es un signo de madurez social para los adultos jóvenes. La educación puede ilustrar a una persona sobre el valor del consumo retrasado frente al consumo actual. También podríamos pasar tiempo con nuestros padres para recordarnos cuáles serán nuestras necesidades a medida que envejecemos.

5. Capacidad cognitiva.

La inteligencia superior se asocia con una tendencia más progresista. La planificación futura involucra al cerebro ejecutivo, que está vinculado a la inteligencia a través de la función de la corteza prefrontal. Los niños con mayor inteligencia tienden a desviar mejor la atención de las propiedades afectivas de las recompensas. Esto explica por qué las personas menos inteligentes pueden ser más propensas a sufrir dificultades financieras y tienden a tener niveles más bajos de acumulación de activos financieros.

6. Pobreza.

La pobreza y la presión de las necesidades presentes pueden cegar a una persona a las necesidades del futuro, lo que lleva (necesariamente) a centrarse más en el presente.

7. Impulsividad.

Las personas con personalidades impulsivas simplemente tienen más probabilidades de tener un estado de ánimo espontáneo y mostrar intolerancia a cualquier retraso en la gratificación. Las personas con rasgos impulsivos tienen un mayor riesgo de tener problemas como la adicción a las drogas y la obesidad.

8. Regulación de las emociones.

La preferencia temporal está asociada con el entorno emocional en el desarrollo de la primera infancia. Los hijos de padres insensibles y desconectados tienden a tener poca capacidad para retrasar la gratificación. La angustia emocional también provoca un cambio de comportamiento hacia una mejora inmediata del estado de ánimo, lo que lleva a las personas a tomar malas decisiones.

9. La importancia del estado de ánimo.

Nuestro sentido del tiempo se ve alterado por nuestros estados de ánimo. El tiempo parece pasar dolorosamente lento cuando encuentras una clase aburrida, por ejemplo, pero se va volando cuando estás con un amante. El adagio de que el tiempo vuela cuando te diviertes ha sido probado empíricamente: las personas en un estado de hambre ven que el tiempo fluye lentamente.

10. Anticipación.

En general, las personas tienden a encontrar placer en anticipar cosas buenas y se sienten incómodas anticipando cosas malas. Las experiencias agradables como las vacaciones o las citas pueden posponerse o planificarse deliberadamente con mucha antelación para poder «saborearlas». Por otro lado, el deseo de reducir el miedo implica que la gente prefiere tener una mala experiencia (como una visita al dentista) más temprano que tarde. Por ejemplo, las personas tienden a preferir pagar las multas de estacionamiento de inmediato en lugar de aplazar el pago.

Llevar el mensaje a casa

La gente no es tan paciente. Así como las preferencias alimentarias difieren de una persona a otra, también lo hacen las preferencias por el tiempo. A algunas personas les gusta la vainilla, a otras les gusta el chocolate. Asimismo, algunas personas favorecen el presente y otras el futuro. Uno decide ir a la universidad y convertirse en médico, y otro estudiante decide conformarse con una recompensa inmediata asistiendo a la escuela de negocios. Preocuparse menos por el futuro que por el presente puede ser racional. Sin embargo, el filósofo Jon Elster señala que la racionalidad difiere de la sabiduría. Él define la sabiduría como la capacidad de tomar decisiones para mejorar el bienestar de uno. Si una persona descarta fuertemente el futuro, el uso de una sustancia adictiva puede ser una forma de comportamiento racional para ellos.

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